"Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa." Montesquieu
Una de las justificaciones más usadas por los jueces para permitir o promover la corrupción son los formalismos, a pesar de que deben ponderar el fondo y los derechos que se ponen ante su juicio, diversos juzgadores, justifican su mal actuar en meros formalismos que plantean las leyes, y que al final terminan siendo obstáculos y enemigos de la justicia.
La reforma al poder judicial, me parece que persigue eso, que los jueces dejen de violentar el espíritu de las leyes y la justicia, trascendiendo formalismos a veces más inventados o construidos con falacias argumentativas.
Hacer las leyes requiere de especialistas, que prevean que los juzgadores no podrán afilar formas desleales de interpretar la ley. Por eso resulta tan esencial que los partidos políticos entiendan que el ejercicio del poder público no es un asunto de quien se queda con más cargos, o cómo hacer para que se mantengan en el poder más tiempo que los demás.
Se trata de que se tengan a los más destacados especialistas y estrategas de la ley que impidan que la injusticia se cuele por las rendijas que traten de construir los mal intencionados juzgadores.
Esto no significa que no haya jueces justos y serios en su labor, más allá del mercantilismo de sentencias. Pero sí significa que, si no tenemos verdaderos juristas haciendo las leyes, la población padece de leyes oscuras, o no suficientemente determinantes para eliminar las malas intenciones de juzgadores sin ética profesional.
Los abogados deben estar alertas para plantear cambios en las leyes, revisión y evaluación de los juzgadores, y crear un sistema bidireccional que pueda retroalimentarse para evitar injusticias en lo futuro.
Si la ley les obliga a revisar el fondo sobre la forma, muchos jueces se hacen sordos ante tales determinaciones normativas. El problema con el anterior sistema de justicia es que sus mecanismos disciplinarios eran más que endebles e ineficaces, existió una continua auto complacencia y colusión que evitó en todo momento corregir sus propias fallas.
Cambiar al Estado mientras quienes tienen en cada elección de hacerlo y no lo hacen (los partidos políticos) sería complicado si la sociedad civil especializada no pone freno y dirección a un poder público que no alcanza a entender lo que a los especialistas les ha tomado décadas entender.














