En el libro “La Silla del Águila” de Carlos Fuentes, existe un interesante diálogo en donde María del Rosario Galván, una hábil operadora política le explica a Nicolás Valdivia -el personaje principal- que en eventos políticos, sobre todo el informe del Presidente, lo más interesante no ocurre en donde todas las cámaras apuntan, si no en los asistentes que con su presencia, ausencia, aplauso o silencio revelan los caminos de la verdadera política.
La Presidenta Claudia Sheinbaum, presentó la semana pasada su primer informe de labores y lo hizo en la sección de Presidencia de la República en Palacio Nacional. Durante la mañana de un conflictivo lunes, la primer mandataria de México bajaba las escaleras de un imponente Palacio, escoltada por militares vestidos de gala, para encontrarse con la elite política y económica de México que estaba esperando para escucharla.
Personalmente, la escena me provocó escalofríos, por el increíble parecido con esos informes tan protocolarios y cuidados que tenía el Presidente Peña Nieto, que si bien eran muy “presidenciables” eran sin duda elitistas y enfocados solo para las y los más poderosos de este país.
Poco a poco, empezaron a publicarse en redes sociales fotografías generales del evento, donde observe primeras filas ocupadas por titulares de poderes, gobernadores, secretarios de estado y generales, seguidas por filas con coordinadores parlamentarios -castigados con esa ubicación-, miembros del gabinete ampliado y las y los hombres más ricos de este país.
Distribuidos entre las sillas se encontraban personajes polémicos como Pedro Haces, Alejandro Esquer Vergudo -ex secretario particular de AMLO- y otros cercanos personajes a López Obrador, como su hijo, Andy López Beltrán.
Lo que quiero retratar, es que el informe de la primera Presidenta de México, fue una fiesta de amigos donde se concentran los más poderosos personajes de México a lo cual yo me pregunto: ¿y el pueblo dónde está?
Algunos podrían decirme que en las personas que cruelmente utilizaron para “representar” a los indígenas y sentaron en las últimas filas.
Pero yo, como alguien que simpatiza con la izquierda y es consciente de las miles de personas de lucha que han arriesgado o dado la vida por un cambio en México, me siento triste por lo rápido que se les ha olvidado y reemplazado por las elites del poder, que son protegidos en las pesadas paredes de Palacio.
El pasado viernes Sheinbaum no dio un informe al pueblo, si no a sus más importantes accionistas.














