El periodismo no nació para complacer al poder ni para entretener al público. Nació para narrar hechos, para poner nombre y apellido a lo que otros quieren ocultar. Cuando eso incomoda, el periodismo se convierte en el testigo incómodo que recuerda que la verdad existe.
Hoy vivimos en la era de la posverdad, donde la opinión se mide en likes y trending topics. En ese ruido, informar ya no basta, porque informar se ha convertido en gritar, pero el verdadero periodismo no compite en ese mercado del ruido.
México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer esta profesión. Según Artículo 19, desde el año 2000 han sido asesinados al menos 168 periodistas en el país. “Reporteros Sin Fronteras” documenta que solo en los primeros siete meses de 2025 fueron asesinados nueve periodistas, casi dos víctimas cada mes, el precio de informar sigue siendo la vida misma.
La historia mexicana también ofrece lecciones. En 1976, el diario Excélsior sufrió el golpe político que expulsó a Julio Scherer y a gran parte de su redacción. No se les mató, pero se les silenció con la fuerza de las presiones oficiales.
Y ese sigue siendo el problema. Hoy el poder se ha vuelto más delicado que antes, cualquier crítica, por pequeña que sea genera incomodidad y muchas veces no son los gobernantes, sino la gente que los rodea la que levanta el teléfono para intentar indicar qué se debe decir y qué no. Lo hacen con rapidez, pero ahí está el dilema. Una crítica seria no debería ser vista como una amenaza, sino como un punto de reflexión que puede abrir más los ojos que mil halagos.
Además, una crítica bien planteada puede ser vista como asesoría. El gobernante suele estar rodeado de aduladores que, por interés o necesidad le repiten que es el mejor, que es el siguiente, que su futuro político es más grande que su presente. Esa adulación no construye, solo nubla. En cambio, una crítica seria que no ataca a la persona sino analiza actos concretos, puede abrirle los ojos a quien gobierna. El periodismo, entendido así, también es un espejo incómodo que ayuda más que la alabanza fácil.
La advertencia trasciende fronteras. Julius Fučík, periodista checo ejecutado en 1943, escribió desde su celda que “la lucha por la verdad jamás perece”. Su testimonio inspiró la instauración del Día Internacional del Periodista, que se conmemora cada 8 de septiembre en memoria de quienes han dado la vida por sostener la verdad.
Alguna vez el profesor Hank González me dijo que un político debía ser como un elefante. Piel gruesa para resistir críticas, orejas grandes para escuchar, boca pequeña para hablar lo necesario y ojos atentos para advertir el peligro. No era una metáfora ligera, era una lección de oficio.
La crítica responsable no destruye, construye. La adulación ciega, la crítica ilumina. El gobernante sabio lo sabe. Una verdad incómoda puede ser más útil que mil halagos.
La verdad no siempre da clics… pero siempre da sentido.
#QuéCosa!














