"La fuerza de un pueblo está en su capacidad de organizarse." – Salvador Allende
Uno debe preguntarse porqué un éxito tan rotundo como el de Cherán, en Michoacán, que pasó de ser un municipio marginal, al primer y quizá único municipio en no tener adeudo alguno, sino finanzas superavitarias, además de contar con el acueducto más grande de América latina.
Que no se comente de él, puede ser porque pone en tela de juicio al actual y costosísimo sistema del poder público no solo en México sino en el mundo; a manera del anarquismo, propuesto por los Flores Magón, Cherán no ha necesitado de gobierno alguno, ni de partidos políticos, los ciudadanos se han organizado y han tomado las riendas de su administración pública con resultados, más que sorprendentes.
Visto así, Cherán es el éxito incómodo para cualquier régimen, de izquierda o derecha, es la muestra de que el pueblo puede administrar sus propios recursos sin costos excesivos, con honestidad y sin tanto aparato de gobierno.
No está demás mencionar que los índices delictivos de Cherán pasaron de alarmantes a cero, porque a donde la sociedad se cuida a sí misma, no hay delincuencia que pueda entrar.
La victoria de Cherán no solo lo ha sido sobre la corrupción, sobre la división social, sobre la inseguridad y sobre el miedo, lo ha sido para capacitar a su población a defenderse, a estar lista ante cualquier ataque, y a entender que su bastión de desarrollo lo es la solidaridad.
Mientras en otros lugares siguen pensando al estilo del egocentrismo, del negocio por encima de los demás, en Cherán avanzan a paso firme con una consciencia colectiva unificada, mucho hay que aprender de ellos, pero ni los medios de comunicación dicen lo suficiente sobre este milagro, y al parecer pocos Estados o sus gobiernos quisieran experimentar con algún renacimiento que implique la muerte del poder público como se conoce.
Así que Cherán no tuvo necesidad de decir, no sirven sus sistemas anticorrupción, no funcionan sus estrategias de seguridad, con su ejemplo ha abatido cualquier duda o argumento contra la idea de que el pueblo no está suficientemente maduro para guiarse a sí mismo.














