Así que has dejado de ser un niño y al alzar el rostro has visto en las calles algo que nunca observaste, el hambre, la pobreza y la injusticia.
Así que quieres tomar con tus manos la Revolución, cambiar las conciencias y mover al mundo.
Es una etapa, te dirán algunos.
Es un sueño tonto, te dirán otros.
La conciencia social se acaba cuando pagas impuestos por primera vez, te diagnosticaron algunos que han perdido ya la esperanza.
Pero insistes en lo tuyo, a pesar de las críticas, de los testimonios de fracaso de quienes ya lo han intentado y el destino de lucha y soledad que se vislumbra en el horizonte.
Algo cambió en ti.
Ese día que caminando por el Centro te encontraste a madres buscadoras, gritando “Hijo: escucha, tu madre está en la lucha...”
Algo cambió en ti cuando en la primaria, tus maestros se vistieron de negro para protestar por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
Algo cambió en ti, en tu primera marcha, cuando el grito que pedía justicia, te tomó por sorpresa, estremeció tu corazón mientras se te hacía un nudo en la garganta.
Hay que decirlo también, algo cambió en ti la primera vez que conociste el Senado y te viste junto a los hombres de poder.
Aquellos con finos trajes, elegantes acompañantes y un rostro que veías en la televisión, las noticias.
Toda tu vida, te dijeron que ellos eran los malos, pero de pronto, con un firme saludo, un momento de atención y un poco de ese carisma tan pulido, aquel político que solo conocías en los medios, te hace cuestionarte.
De pronto, ya no solo ves las calles, también observamos al poder y te das cuenta de que las personas de poder, pueden lograr en una tarde de cabildeo y trabajo, lo que activistas no logran hacer en años,
Los ves cómo caminan en un mar de gente que se les acerca solo para darles la manon y una voz en ti, qué ha pasado mucha soledad luchando dice yo quiero hacer eso.
Y ni hablar del momento en el que te sientas en sus curules, en el que hablas desde la tribuna, en el que te imaginas en sus zapatos y dices yo quiero hacer esto el resto de mi vida.
Y para empezar, quiero trabajar en un lugar como este.
Pasado un tiempo lo logras, por fin te pones tu mejor traje y corbata y caminas junto a esa gente de poder, un mundo nuevo se abre frente a tus ojos.
El mundo de las negociaciones de alto nivel, de lo que ves en vivo e impactan minutos y después, en todos los medios y de alta política nacional, pero también llega la decepción.
Porque te das cuenta, que dentro de un océano de gente que hace política, tú podrías contar con tus manos aquellos que son buenos, pero te ahogan los que trabajan de sol a sol no por la gente, si no por cubrir sus espaldas y buscar sus intereses.
Y te das cuenta, que a pesar de que afuera hay una sociedad viva que ruge por ayuda, las pesadas paredes de los recintos no permiten escucharlos.
¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí? se pregunta el joven político que alguna vez soñó con estar ahí.
¿Acaso he perdido mis ganas de cambiar al mundo y las he reemplazado por hambre de poder?
¿He dejado mi juventud, a mi familia, mi ciudad, la oportunidad de enamorarme y vivir para venir a escuchar mentiras, doctrinas vacías y perder mi inocencia formado en las filas del poder esperando que algun dia me toque a mi levantar la mano?
Querido Joven politico, hoy estás donde tienes que estar, no somos el presente, somos el futuro de México. Y estoy convencido que las y los jóvenes que toman oportunidades que antes no existían, que estudian carreras de política y que dejan su vida por estar aquí, algún día tendremos en nuestras manos las riendas de la Nación.
Hoy, corresponde escuchar y aprender, la agenda de hoy es para nosotros; aprobar una reforma Constitucional, no significa que mañana se acabe con la pobreza en México y el miércoles cambiar al mundo.
La agenda de hoy, es prepararnos y trabajar día con día para no perder la pureza de nuestro corazón, ni formarnos en las filas del mal, pensando que al final del camino, haremos el bien.
Querido joven político, por respeto a nuestros muertos, a nuestra historia tejida con hilos de lucha y a nuestro pueblo, hay que prepararnos para ser el gobierno que México merece.














