Hablar de salud mental es hablar de la vida cotidiana, no es un tema de locura ni un lujo de terapia. Es el reflejo de cómo nos afecta lo que pasa a nuestro alrededor, el trabajo, la familia, la violencia, el desempleo, la convivencia, no es sólo individual, es colectivo. No se limita a lo clínico, se vive en la calle.
Y aunque por años se ha tratado como un asunto privado, la realidad es otra, la salud mental también es un tema de comunidad, de entorno, de estructura social.
En Morelos, los datos ya no permiten la indiferencia, de acuerdo con cifras del INEGI más del 17 % de la población ha reportado síntomas de ansiedad o depresión en los últimos 12 meses. Y según el IMSS los trastornos mentales fueron una de las tres principales causas de incapacidad laboral entre jóvenes en 2024.
La relación es directa aunque no siempre visible, abandono escolar, adicciones, violencia intrafamiliar, rupturas comunitarias todo eso tiene raíz o reflejo en el estado emocional colectivo, y aun así se sigue viendo como “asunto personal”.
El filósofo Franz Kafka escribió “Una jaula salió en busca de un pájaro”. La frase parece absurda pero es precisa a veces no es la persona la que falla, sino el entorno. El encierro, la presión, la hostilidad cotidiana son parte del problema y también deberían ser parte de la solución.
Muchas veces solo se habla de salud mental cuando hay una crisis, pero también se construye en lo preventivo desde casa, desde la escuela, desde el trabajo. Nombrarlo sin prejuicio es ya un paso, integrarlo como parte natural del bienestar es el camino.
En los últimos años distintas voces han empezado a abrir espacio a esta conversación, desde talleres comunitarios hasta espacios educativos, pasando por medios y centros de salud, la salud emocional ha ido saliendo del silencio. Pero falta mucho por hacer para que deje de ser un tema “alternativo” y se entienda como lo que es, un eje central del desarrollo humano.
La Organización Mundial de la Salud advirtió en 2023 que una de cada ocho personas en el mundo vive con un trastorno mental, pero los servicios siguen siendo limitados o inaccesibles en la mayoría de los países y si eso ocurre en el mundo, imagine usted en comunidades pequeñas donde ni siquiera se habla del tema.
La salud mental no es moda, ni lujo ni capricho.
Es estructura es prevención, es reflejo de cómo vivimos y de cómo nos cuidamos como sociedad.
Y en un estado como Morelos con tanta historia de lucha, comunidad y resistencia, reconocer el bienestar emocional como parte de esa fuerza colectiva es también una forma de cuidarnos mejor de vivir con más equilibrio.
De no dejar a nadie solo.
Lo demás, es seguir hablando sin escuchar
y eso también enferma.
#QuéCosa!














