"El derecho es la fuerza de los débiles."
Friedrich Nietzsche
Considerar que hemos pasado de estado de naturaleza al estado de civilidad, me parece que no es totalmente cierto, para ello quiero poner al menos dos ejemplos en el centro de lo que debemos entender como civilidad, el derecho y el sistema de justicia en el mundo y el servicio público en el mundo.
En el caso de los sistemas de justicia que dependen de la consideración humana, es decir, de cada juzgador ante el que se plantean los asuntos, encontramos que cada juzgador es un mundo diferente a otro con ciertas pero vagos límites impuestos por la ley y la jurisprudencia, pero libres en eso que interpretan o quieren ver de los asuntos, y si el abogado es más hábil, preparado, o abiertamente la justicia se tuerce por el interés malsano, podemos observar que la ley del más fuerte prevalece, no la justicia, sino el que pudo pagar más o mejores abogados o doblar la probidad de los sistemas de justicia.
Así que de una u otra manera la ley del más fuerte prevalece, en el corazón de lo que es la civilidad del derecho.
En el caso del servicio público, no son las personas más capaces de la sociedad las que sirven al pueblo, esas que con esfuerzo continuo y décadas de estudio se volvieron especialistas en determinada materia de la acción pública, no, son esos que preferidos por quien detente el poder en turno resultan beneficiados, por el favor y la cercanía o la confianza personal que no pública, en tales o cuales personas.
De nueva cuenta aparece la ley del más fuerte, por encima incluso del derecho, y de la civilidad, en las democracias se pueden encontrar pues, monarquías temporales, al margen del deber ser, de la ética profesional, dicho de otra forma.
El asunto es que una vez que nos damos cuenta de esto, debemos aprovechar esta verdad, al menos para entender en dónde estamos parados, y actuar en consecuencia.
Cuando el pueblo bueno y sabio termine por entender, en todas sus consecuencias, la frase cargada de verdad, dicha por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, solo el pueblo puede salvar al pueblo, y que la Democracia Representativa, realmente NO es democracia sino un símil, muy a modo de la Democracia Verdadera, que es Directa, entonces y solo entonces, empezará dentro de la ley del más fuerte, la ley de las mayorías despiertas, el estado de civilidad.














