El joven que aspira a ser servidor público debe pronto entender que no se puede cambiar a México doblegándose ante las personas que se benefician con su dolor.
Debe entender que, para cambiar el mundo mañana, no se puede formar hoy en las filas del mal.
La política no se hace con grillos y gritos, con chismes y peleas, con egos y competencias. Se debe hacer con ideas y causas, con compasión y empatía. La política debe ser complicada porque se trabaja en ella con las vidas de las personas. No debe ser complicada por el juego de mantener los puestos ni por derrocar al otro.
Los invito a que no veamos la política como ellos contra nosotros, sino todos contra los problemas que nos aquejan. Mientras existan problemas entre nosotros y nos enfoquemos más en ver quién tiene la razón, perdemos la capacidad de servir con eficacia y rapidez.
Los invito a que pongamos un poco de arte en la política. Y con arte me refiero a sentir un poco lo que pasa a nuestro alrededor, lo que dicen las calles, lo que dice la gente. No hagamos política de bajo nivel.
Los invito, en verdad, a disfrutar el día de hoy, a tomarse fotos, a mandárselas a sus familias y decirles: estamos aquí representando el esfuerzo de generaciones. No había sido normal que los jóvenes tuvieran las oportunidades que hoy tienen. No les fallemos a sus fantasmas.
Siendo empáticos, yo creo que, si bien los jóvenes tenemos grandes maneras de influir en el presente de México, lo más importante es que tengamos la capacidad de formarnos para hacer un gran futuro.
No se puede caminar hacia más democracia por caminos antidemocráticos.














