El crimen organizado es uno de los jinetes del Apocalipsis, intentan engañar a pueblos enteros bajo la mentira de una supuesta protección, pero ésta es ficticia y no puede durar mucho tiempo. La realidad es que manipulan a un pequeño sector de la población, porque el grueso está cierto del peligro que representan, del riesgo que significa confiar en quienes se dedican a ganar millones de dólares intoxicando a jóvenes de todo el mundo.
Lo cierto es que el narcotráfico es un negocio de millones de dólares y que en torno a él giran muchos intereses, por ello comprar unas cuantas conciencias en pueblos remotos no les representa mucho esfuerzo. Con relativa facilidad el crimen organizado contrata a unos cuantos líderes para intentar confundir y manipular, pero la realidad es que el grueso de la población se da cuenta de dicha manipulación y de lo que verdaderamente representa. Es evidente que ellos aprovechan cualquier resquicio institucional para meterse e intentar controlar generando ingobernabilidad a partir del regalo de dádivas y supuesto control en la zona donde se asientan, nada más falso que eso.
Por ello es importante que los diferentes niveles de gobierno atiendan las causas, porque sólo atendiendo las causas se logrará repeler a los falsos liderazgos que intentan llenar vacíos y necesidades del pueblo para generar simpatía y tener control que les permita pasar por encima de la ley. La atención gubernamental es prioritaria ante una estrategia del crimen organizado que les ha funcionado en diversos lugares, aprovechando las diferentes necesidades de la población.
Nunca fue errada la estrategia del anterior Presidente de la República, respecto a atender las causas que originan que el crimen organizado vaya ensanchando sus filas con personas que principalmente tienen poca oportunidad de mejorar sus niveles de vida, en virtud de las pocas alternativas que ofrece un mercado capitalista que pretende hacer más pobres que equilibrar las diferencias sociales. Sólo si se disminuye la brecha de la pobreza es posible disminuir las posibilidades de crecimiento de las filas del crimen organizado y también de su aparente base social, en virtud del aprovechamiento y manipulación de las diversas necesidades que tiene la población, sobre todo de comunidades alejadas del desarrollo urbano.
La estrategia institucional debe estar dirigida a los sectores más desprotegidos y olvidados de la población, porque es ahí donde existe un caldo de cultivo para quienes viven al margen de la ley. Por ello, los programas sociales son fundamentales, pero no es lo único. La estrategia debe ser acompañada de un programa agresivo de generación de empleos y de una política económica que permita que los precios de los productos de la canasta básica no se encarezcan más. Hasta hoy, la política implementada por la Cuarta Transformación ha sido la adecuada porque cuando se inicia un proyecto político-económico distinto lo primero es sentar las bases, pero ahora ya tiene que comenzar un proceso de consolidación que vaya a fondo para ir resolviendo problemas complejos, como lo es el de la inseguridad.
El reciente suceso en Totolapan, municipio del estado de Morelos, es un caso sintomático de lo que ocurre en varias comunidades del país. Se manipula a la población a partir del control de algunos liderazgos para hacer parecer que es la población en general la que pide que no se toque a los sicarios, líderes de las plazas en las diferentes zonas del país. Algo aberrante y falso porque los verdaderos pobladores de una comunidad no avalan a esos grupos del crimen organizado, más bien les tienen temor por el peligro que representa el que se asienten cerca de su familia y sus seres queridos. Por ello toma relevancia el que a través de políticas públicas se limite la acción de los grupos del crimen organizado y hacer que la población recupere la confianza por sus gobernantes a partir de la atención y solución directa de sus problemas.














