En Morelos, como en todo el país, la violencia se recrudece a cada momento. Desde el año 2009, cuando el gobierno mexicano, a través de los soldados de la Marina, irrumpieron estrepitosamente al Conjunto Altitud, un lugar muy exclusivo, en el que solo personas con un alto nivel económico podían y pueden adquirir un departamento. En éste, como en las películas, llegaron los elementos de la Marina por aire y tierra y realizaron un operativo con precisión quirúrgica, en el que llegaron directamente al departamento propiedad del capo más buscado hasta ese momento (según lo que se decía en el mundo político y del hampa) y lo abatieron. Terminaron con su vida de una forma espectacular si se me permite utilizar esta palabra.
Desde ese momento, en Morelos no ha habido tregua, Los enfrentamientos entre grupos delincuenciales, entre “dueños de plazas, entre jefes han sido a la orden del día.
Los gobernantes en turno, o no han podido combatir a la delincuencia o no han querido. Porque para muestra lo que le sucedió a Beltrán Leyva fue alguna inconformidad, una traición o un incumplimiento al gobierno en turno. Porque los cuerpos policiacos, los cuerpos de inteligencia policial y militar, tienen perfectamente identificados a los grupos, a los jefes, su ubicación, sus movimientos. Como lo que ha sucedido en el pasado.
Y es que Beltrán Leyva vivía y se paseaba en Cuernavaca, por lo que mucha gente dedujo que los que pasaban en las calles con grandes camionetas, tanto de esos personajes como sus guardaespaldas, andaban con toda liberta en la ciudad, por ello se deduce que Morelos era un paraíso para jefes de la mafia.
A 16 años de estos sucesos, la violencia y la inseguridad se vive día a día. El gobernador en turno siempre declara datos, con tendencias a la baja, es decir,; siempre declaran que se está acabando con el crimen organizado, que se está disminuyendo las cifras. Así fue con Graco y Cuauhtémoc. Hoy no es la excepción, según el gobierno en turno y las estadísticas, Morelos va la baja. Pero los hechos en las calles dicen lo contrario y es por eso que a la ciudadanía se le va perdiendo la esperanza entre los gobernantes que el ciudadano les otorgó en la elección popular.
A la fecha, la actual gobernadora y su equipo han sucumbido a la tentación de caer en el juego de las estadísticas, que lejos de convencer siempre quedan en la incredulidad de la ciudadanía y se percibe la falta de efectividad y de estrategias en el área del combate a la delincuencia. La historia se repite y no se nota avances.
Al contrario, este tema es algo que no se puede simular ni matizar. Hoy, como antes, los encargados del combate a la delincuencia cuentan con presupuesto, recursos, capacidad e inteligencia policial y militar.
Por otro lado, pero del mismo tema, los responsables de la fiscalía no han cumplido con las labores de investigación y entrega de pruebas contundentes para procesar a los pocos delincuentes que logran detener. Con la mano en la cintura, los jueces desechan las pruebas y no habiendo más argumentos para retener a los detenidos, los dejan en libertad.
Y quien va a sufrir las consecuencias es el ciudadano. Pues los delincuentes, hoy, en la impunidad, regresan con mayor fuerza, con mayor confianza a continuar delinquiendo, y por ello sigue habiendo ejecuciones, cobro de derecho de piso, secuestros y todo lo que se acumule.
Los poderes del estado y las instituciones encargadas de administrar la justicia, hoy deberán urgentemente, resolver esas situaciones, pues con los hechos sucedidos en los últimos días, no garantizan la paz en el estado de Morelos.














