No ocurre todos los días.Morelos fue mencionado esta semana desde Palacio Nacional, como uno de los estados con mayor reducción en homicidios dolosos durante el primer semestre del año. No por presión, no por cálculo político, sino porque los datos así lo reflejan.
El promedio diario de homicidios dolosos en el estado bajó más de 36% en comparación con el mismo periodo del año anterior. La cifra no es menor representa vidas salvadas y es una señal clara de que el sistema comienza a funcionar.
Pero no fue lo único, también se reconoció públicamente la participación ciudadana en el programa “Sí al Desarme, Sí a la Paz”, cuyo módulo más reciente concluyó en Cuernavaca. En esa jornada se canjearon más de dos mil armas de fuego y más de cuatro mil juguetes bélicos fueron intercambiados por educativos, una acción silenciosa, pero con profundo valor simbólico y social.
Nada de esto significa que los problemas de seguridad estén resueltos, pero sí hay un cambio de tendencia que merece atención. La coordinación entre fuerzas federales, autoridades locales, sociedad civil y ciudadanía está dando resultados medibles.
Ahora, lo importante será sostener ese avance con inteligencia, inversión y voluntad. La instalación de más cámaras, arcos carreteros, infraestructura de control e integración tecnológica no es un lujo, es parte del modelo que se necesita para mantener y consolidar lo logrado.
Durante años, Morelos ha sido sinónimo de violencia, impunidad y frustración. Hoy empieza a ser ejemplo. Y cuando eso ocurre, cuando el país voltea a ver a este estado por algo bueno, también vale la pena decirlo.
No para aplaudir al poder. Sino para reconocer que cuando las cosas se hacen bien, hay que mantenerlas firmes.
#QuéCosa!














