Tepoztlán, es el pueblo mágico por excelencia de Morelos y todos los días, pero en especial los fines de semana, miles de visitantes llegan para disfrutar de los atractivos turísticos que esta cabecera ofrece, dejando una derrama económica importante y transformando desde hace por lo menos tres décadas, el estatus de vida de la población, sin embargo, un crecimiento urbano desordenado y la falta de modernización de su infraestructura, mesclado con la indolencia de autoridades federales, estatales y municipales, que no regulan la prestación de servicios, tienen hoy convertido a este municipio en un gigantesco monstruo urbano donde la inseguridad y los excesos de comerciantes y visitantes, secuestraron su armonía y la paz hace tiempo.
Fue uno de los grandes atractivos que comenzó a traer visitantes hace años, el tradicional carnaval que se celebra en la víspera de la Semana Santa, sino el mayor del estado, sí uno de los más conocidos a nivel nacional, estatal e incluso fuera del país, por lo que al igual que la pirámide de El Tepozteco, situada en lo alto del cerro del mismo nombre, conforman un contexto en el que la tradición y el misticismo se entremezclan para dar como resultado un poderoso imán que atrae decenas de miles de visitantes cada año.
No obstante, no pasó mucho tiempo para que el pueblo mágico comenzara a experimentar cambios que transformaron su entorno y una explosión demográfica acelerada. Los lugareños comenzaron vender sus tierras para dar paso a lujosas residencias construidas por artistas, aristócratas y extranjeros, al tiempo que el comercio detonaba abriendo hoteles y decenas de posadas, restaurantes, plazas comerciales y cientos de negocios de venta de bebidas alcohólicas, por lo que la venta de artesanías y de otros productos originarios que habían sido otro atractivo, pasaron a segundo término. Lamentablemente, si hay algo que se acentuó desde el principio fue el desorden y la falta de regulación de este crecimiento, convirtiendo en un caos al municipio, done la fiesta el jolgorio superan al ecoturismo y demás atractivos.
Desde luego que no todo ha sido omisión o indolencia de las autoridades de los tres niveles del gobierno, pero a pesar de algunos esfuerzos ni los amagos para retirar el distintivo de Pueblo Mágico a Tepoztlán han sido suficientes, pues poco se ha hecho para contribuir a mejorar la calles y avenidas para resolver, por ejemplo, el tema de la vialidad, ni para regular la voracidad de los propietarios de predios que se ofertan como estacionamientos, ya que la vía pública tiene como dueños a los comerciantes y residentes que, con piedras, llantas o cualquier objeto impiden que los turistas, los mismo que consumen y gastan su dinero en sus negocios, puedan parquear.
En Tepoztlán no parece haber ley ni autoridad que ponga orden, por lo que hoy es uno de los municipios más caros para visitar y toda una odisea para recorrer, pues desde cualquier punto que se quiera llegar, ya sea desde Cuautla o desde Cuernavaca, las carreteras son un desastre ante la ausencia de mantenimiento y el alto tráfico que soportan, y la autopista, recién ampliada a cuatro carriles, parece de tercer mundo con tarifas de primero, con altísimo riesgo por la deficiente construcción, ya que los accidentes están a la orden del día.
La realidad que hoy rodea al pueblo mágico es mucho más compleja pues, además, la idiosincrasia de sus habitantes configura un escenario en que la propia autoridad oficial se restringe, ante el miedo constante de someterse al juicio popular, y experiencias que dan testimonio de esto sobran, sin embargo, han sido los mismos habitantes quienes ya han experimentado las consecuencias, cuando la anarquía que hoy impera en Tepoztlán hace crisis, por lo que en una especia de auto-secuestro, tienen que cerrar los accesos y bajar las cortinas. La experiencia de los últimos carnavales son un aviso alarmante para evitar futuras tragedias, a ver… Que Morelos es uno de los estados con mayor índice de robo de vehículos en el país, no es una sorpresa y aquí hemos advertido que el de la inseguridad sigue siendo el problema número uno, y de continuar las cosas así, va a ser, más temprano que tarde, por donde el encanto y la paciencia de los morelenses se acabe con relación al gobierno “de la tierra que nos une”, pues a medida que el tiempo avanza los resultados no mejoran, y lamentablemente, tal como lo hizo Graco Ramírez y Blanco Bravo, nomás se matizan cifras y se nada de a muertito, veremos…














