Momento tensos se viven en el Senado de Estados Unidos, mientras el grupo republicano tiene la orden presidencial de aprobar antes del 4 de julio -dia de la independencia de ese país- una importante reforma fiscal llamada “Big Beautiful Bill”. Pero, a pesar de que el partido de Trump cuenta con mayoría en esa cámara, algunos senadores “rojos” han expresado su rechazo al proyecto, haciendo peligrar su posible aprobación.
La reforma es una extensión de una reforma hecha en el 2017 -Por Trump- que exentaba de ciertos impuestos a un importante porcentaje de las y los ciudadanos. Los beneficios de esa reforma caducan al final de este año, sin embargo el Presidente decidió impulsar su ley desde ese momento.
En el lado positivo, este proyecto ahorrará mucho dinero a millones de contribuyentes, entre ellos quienes no tendrán que pagar impuestos de las propinas u horas extras que trabajan. Por el otro, varios analistas han advertido que los mayores beneficiados por estas extensiones fiscales los verán los más ricos, mientras que el costo, será adquirir miles de millones de dólares en deuda para financiar el déficit y recortar proyectos como Medicaid y estampillas de comida.
Es decir, si la reforma puede ser muy benéfica para algunas empresas -que generan riquezas- y para quienes ganan de propinas, el costo será limitar el acceso a comida y seguridad social de aquellos que más lo necesitan, sin olvidar la alerta de que los mayores beneficiados serán los más ricos. Además “the big beautiful bill” aumenta el límite de la deuda por 5 trillones de dólares y aumenta el gasto de defensa, en temas como migración.
Mientras tanto, los medios reportan, que en los pasillos del capitolio caminan frenéticamente senadores, asesores y cabilderos, que modifican una y otra vez la ley en busca de lograr un acuerdo para alcanzar los votos necesarios y a pesar de que no es seguro que la iniciativa sea rechazada, pienso que ese proceso nos deja una importante enseñanza.
En México, vivimos en estos momentos un periodo extraordinario, en donde Morena con su mayoría ha aprobado ley tras ley en materias como guardián nacional, lavado de dinero y telecomunicaciones y lo hace de manera tan burda, que ni siquiera la gente que trabaja en el legislativo alcanza a enterarse de manera absoluta de que tratan los dictámenes hechos al vapor que son aprobados por el pleno.
Debemos apostar por un legislador que sepa disentir, que pueda votar en contra de su partido si sus valores, sus votantes o su lógica le dicta que no es correcto. Debemos acabar en todos los rincones del mundo con los parlamentos que coquetean con ser oficialías de parte que solo sellan después de haber maquillado reformas del ejecutivo.
Los legisladores, deben tener la obligación de pensar, de discutir y de modificar, con tiempo, pasión y el uso de la razón. Sueño con el día en el que la aprobación o rechazo de una reforma se sepa el día en que es sometida a la asamblea y no el día de la jornada electoral.














