Es un tema de moda, tal vez; es una respuesta a muchos años de opresión, podría ser; forma parte de la democracia, también; al final del día la paridad de género es un elemento que llegó para quedarse en nuestra sociedad y para hacer justicia tanto a hombres como a mujeres, ya que los primeros de igual manera han sido relegados por cuestión de género en muchos temas.
No podremos escapar por más impugnaciones que hagamos, por más recursos legales que presentemos ante las autoridades competentes; lo cierto es que todos somos iguales ante la ley y la misma no puede ser ciega, muda o hacerse de la vista gorda. Pero antes es necesario entender qué es y cómo surge la paridad de género.
En las últimas décadas este concepto ha dejado de ser una aspiración idealista para convertirse en una exigencia ética, social y jurídica de parte de un sector social en específico. El concepto de paridad, entendido como la igualdad sustantiva en la participación de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida pública y privada, ha sido incorporado en múltiples legislaciones alrededor del mundo. Este avance busca no solo terminar brechas históricas de desigualdad, sino construir sociedades más justas y equitativas, donde el género no sea un factor de exclusión o privilegio o de pelea entre ambas partes.
Uno de los principales propósitos de la paridad de género es generar un equilibrio entre hombres y mujeres en espacios de poder y toma de decisiones. Esto no implica solamente que haya el mismo número de mujeres y hombres en los cargos, sino que las condiciones para ejercer esos roles sean equitativas y justas donde todos ganen. La paridad transforma la democracia, ya que no puede considerarse plena si la mitad de la población está subrepresentada en las instituciones que definen las políticas públicas, distribuyen recursos y delinean el rumbo de una nación.
El avance hacia la paridad también ha sido impulsado por el marco legal. En muchos países se han reformado constituciones, leyes electorales y normativas laborales para garantizar la inclusión de las féminas. Por ejemplo, se han implementado cuotas de género en partidos políticos, consejos de administración y órganos legislativos. Estas medidas, aunque en ocasiones criticadas por imponer restricciones, son necesarias para corregir desigualdades estructurales que durante siglos han favorecido a los hombres. Así es… leyó bien, para corregir desigualdades. La ley no solo reconoce la necesidad de paridad, sino que la promueve como un deber jurídico y social.
No obstante, el cumplimiento de las leyes en materia de paridad no siempre garantiza su eficacia. Siguen los obstáculos culturales, sociales y económicos que impiden que muchas mujeres accedan a puestos de decisión o que lo hagan en condiciones justas. La discriminación, los estereotipos de género, la doble jornada laboral y la violencia política son algunas de las barreras que deben eliminarse. Por ello, la paridad de género debe ir acompañada de políticas públicas integrales, programas de sensibilización y mecanismos de seguimiento que aseguren su implementación efectiva, pero además de sanciones a quien incumpla con ellas.
La paridad de género es una herramienta indispensable para alcanzar el equilibrio entre hombres y mujeres en la sociedad contemporánea. No se trata de una concesión, sino del reconocimiento de un derecho humano fundamental: la igualdad. Las leyes que promueven la paridad representan un avance significativo, pero su cumplimiento exige voluntad política, transformación cultural y participación activa de toda la sociedad. Solo así será posible construir un mundo donde el género no limite el potencial ni las oportunidades de nadie.














