En Morelos, la tierra sigue hablando. Aunque a veces parezca que nadie la escucha.
El reciente impulso al agroturismo suena bien, rutas que conectan al visitante con los sabores, aromas y paisajes del campo. Una forma de devolverle dignidad a lo rural y mover la economía con lo que somos, gente de tierra fértil y manos trabajadoras.
Ojalá esta vez el intento no se quede en brochure de evento ni en comunicado optimista. Porque ya es hora de que al campo se le siembre presupuesto, no discursos.
Mientras tanto, otro tema crucial se cuela o más bien, se filtra en la agenda es “el agua”
La protección del Bosque de Agua, ese pulmón verde compartido entre Morelos, CDMX y Edomex, vuelve a asomarse en las mesas intergubernamentales. Bien. Es urgente.
Pero en lo local, seguimos viendo cómo se permite la tala, la urbanización desordenada, y el crecimiento inmobiliario que compromete cuencas y ecosistemas.
Hay voluntad federal y regional, sí. Pero el eslabón débil suele ser la ejecución desde casa.
El agua no se pelea con el campo. Al contrario, se necesitan.
Y ambos, campo y agua, necesitan algo más, política pública que funcione y una sociedad que exija.
Porque en Morelos, cada día brotan nuevas ideas.
Pero también se nos va algo: el tiempo, la memoria, la oportunidad…
Y aunque la tierra siga hablando, algún día podríamos descubrir que ya nadie le entiende.
O peor aún, que a nadie le importa.
#QuéCosa!














