“El amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males.”
— Leonard Cohen
Pensar sobre el amor, es pensar sobre lo que une a las personas, a las familias, a las sociedades, la razón que permite entender el heroísmo que es una victoria sobre sí mismo, una entrega a esa extraña subjetividad que es la otredad, la totalidad, el pueblo.
No es de extrañarse que, en una guerra cultural, lo primero que supongo, se trata de erradicar son los vínculos más sólidos, promoviendo la desintegración, la indolencia, el odio, la desconsideración, porque una sociedad sin amor, es una sociedad a la deriva, una que muere, lentamente, rápidamente, agoniza sin sentido.
La ausencia del amor es el infierno de lo superfluo, lo banal, lo que no tiene alma; así puede verse que un desalmado es un individuo sin raíces, sin vínculos, sin capacidad de amar.
Es posible que si hay una frase importante para forjar mejores sociedades sea: Te Amo. Resulta impresionante lo difícil que pude ser para muchas culturas, hoy en día, decir esta simple pero colosal expresión.
Normalizar el amor, es normalizar la empatía, la comprensión, la conexión y la cohesión del tejido social.
Amar no solo es amar a otra persona, es también, sentir felicidad en lo que haces; el amor es un sentimiento de plenitud, de realización. Visto así, es el pasaje más directo a la felicidad, tal vez por ello es tan cercano el arte, la belleza, a la felicidad o la plenitud.
Trascender lo superfluo es encontrar sentido, razón, al hacerlo, la belleza, su armonía aparece, explica, guía y crea.
Sobre esta consideración tenemos a seres colosales como lo fue Gandhi, Mandela, por supuesto Jesucristo, Einstein, que han expresado en pocas palabras mucho de la gran dimensión del amor.
Gandhi plantea: “la no violencia nace del amor universal hacia toda forma de vida.”;
Tal vez, poco se ha pensado en que puedan existir políticas públicas encaminadas al fortalecimiento del amor entre los integrantes de un pueblo poderoso. ¿a qué podría llevar un incremento del amor en una nación? Se me ocurren cinco conductas, todas ellas deseables y acordes a los fines de cualquier Estado contemporáneo. I. Solidaridad, II. Comprensión, III. Sentido de unidad IV. Ayuda mutua V. Felicidad como fin último e instrumento cotidiano de efectividad.














