En el medio de la política juvenil, comúnmente, existe la disyuntiva entre la posición del joven como un actor de cambio en el presente o como una esperanza hacia el futuro; recuerdo que en parlamentos que he organizado en el Senado de la República, han interrumpido mi discurso para hacerme notar que no solamente somos el futuro sino el presente.
La disyuntiva realmente me ha hecho pensar y reflexionar sobre lo que el joven debe y no debe perseguir con la fuerza y rebeldía que le proporciona la edad. Después de mucho pensarlo, pienso que hoy mi postura es: El joven, es tanto el presente como el futuro, pero más el futuro; lo importante es respetar el sano equilibrio entre individuo y comunidad.
La comunidad logra cambios muy importantes porque es una fuerza que puede sobreponerse a las medidas coercitivas y replantear gobiernos; sin embargo, la comunidad no está activamente dispuesta a cambiar todo el tiempo las cosas que le parecen incorrectas; más bien, despierta ante la necesidad imperiosa de hacerlo.
En cambio, existen individuos -no todos-, que tienen el poder y quizá la buena suerte de las circunstancias para poder hacer cambios constantes y profundos; ellos son los gobernantes, los líderes de opinión o los grandes genios que van haciendo nuestra historia.
La comunidad y el individuo, deben convivir de manera sana. No se puede caminar hacia un buen futuro sin limitar los excesos de un individuo que pudiera afectar a su comunidad y al mismo tiempo, sin reconocer la grandeza de los cambios que se llevan a cabo por los muchos y, también, no se puede olvidar lo sublime que puede ser la creación de la persona en lo individual, esa persona que a lo largo de la historia, ha mostrado cambiar realidades.
Considero que el joven es el presente, por los cambios que en comunidad es capaz de hacer, como los movimientos estudiantiles, las manifestaciones o los cambios culturales que hoy se ven a través de redes sociales.
Es indudable que el joven, a través de estos medios, es un factor de cambio y crea una agenda nacional que cimbra los espacios de poder.
Pero creo, por lo menos en mí, que sería arrogante decir que ya me encuentro listo y con las capacidades suficientes para en lo individual, tomar un pedazo de las riendas de la Nación y poder cambiar a México.
Y quizás, esto sea una responsabilidad que no tienen los miles de funcionarios incompetentes que hoy nos gobiernan, pero yo sí creo que para tomar una responsabilidad ante la patria, uno debe estar preparado.
Por ello, sin negar su impacto en el presente lleno de intenciones puras, invitó a los jóvenes a apostar también al futuro con la preparación, con los libros, andando las calles, decepcionándose de los políticos, entendiendo las estructuras de poder sin justificarlas para que el día de mañana, con las herramientas necesarias para hacerlo, tengamos la capacidad como individuos, de hacer un mejor presente para todos.














