Se quedaron con un palmo de narices. Los opositores a la transformación le apostaron a la mínima participación ciudadana y se quedaron esperando porque, aún cuando fue un porcentaje bajo el que se presentó a depositar su voto en las urnas, es suficiente para legitimar al próximo Poder Judicial que estará el frente de esa gran tarea que es: garantizar justicia para todos los mexicanos, ricos y pobres.
Es importante recordar que uno de los grandes pendientes del Estado mexicano es la justicia. A pesar de que hay algunos que aún defienden al anquilosado y corrupto Poder Judicial actual, la realidad es que sus relaciones de complicidad con el poder económico eran evidentes. Ese interés mezquino que no permitió tomar decisiones que beneficiaran a las mayorías sino, por el contrario, siempre estuvieron al servicio de quienes más tienen, de los dueños del dinero que eran sus verdaderos patrones y que no les importó que sus decisiones afectaran la riqueza nacional o las finanzas públicas y que por ello recibieran canonjías y se enriquecieran impunemente; que se afanaran en transgredir la constitución al darse sueldos exorbitantes y prestaciones que representan una grosería, en un país en el que por muchos años se sacrificó al pueblo a la pobreza y la ignorancia, en aras de beneficios personales de unos cuantos. Al hacer del poder judicial un reducto de beneficios familiares, de cuates y compadres sin escrúpulos y, con todo descaro, el nepotismo como característica intrínseca del Poder Judicial, y muchas linduras más de una clase jurista que perdió la vergüenza y perdió la brújula sobre su objetivo básico, que es impartir justicia para todos de manera eficaz y objetiva.
El proceso electoral del pasado domingo se realizó sin contratiempos y a pesar de las voces opositoras, el proceso legitima a quienes van a conformar el nuevo Poder Judicial. 13% del padrón electoral salió a emitir su voto para elegir integrantes del Poder Judicial, 13 millones de votos que son suficientes para legitimar lo que ya de por sí era legal. Una elección diferente a las tradicionales, por supuesto que complicó la manera de votar, de ahí la necesidad de utilizar acordeón en la urna, y el propio INE determinó que era legal utilizarlo. Los candados que impuso el propio órgano electoral limitaron la manera de hacer campaña a los candidatos y su promoción fue limitada, por lo que era difícil conocer las propuestas de todos los que participaron, por eso se volvió necesario utilizar alternativas para emitir el voto el día de la elección.
Por supuesto, hay quienes restan valor al importante avance democrático y a la imperiosa necesidad de renovar un poder que ya no servía a los intereses de las mayorías. En su mezquindad y egoísmo, intentan confundir y manipular a la opinión pública con argumentos desgastados y reciclados que denotan frustración y desencanto porque ven que la transformación sigue avanzando a favor del pueblo de México.
Por esa razón es importante subrayar y dejar muy claro que el ejercicio del pasado 1 de junio, además de necesario era urgente llevarlo a cabo. Que el éxito del mismo consiste en refrescar y renovar el Poder Judicial y que su importancia radica en lograr solventar un gran pendiente de la nación hacia su pueblo. La disputa es entre dos maneras distintas de concebir la vida pública, una que mantenía privilegios para unos cuantos, manipulando información y mintiendo constantemente para saciar ambiciones personales y la que, al día de hoy, sigue firme ganando terreno, la que avala el pueblo de México, que es transparente y está cambiando el estado de cosas en el país, para beneficio de las mayorías.
Las definiciones son importantes en un campo de batalla donde hay dos formas de entender al mundo. Lo que dijo el ex presidente Andrés Manuel López Obrador es vigente, hay que estar definido porque esta lucha es ideológica y va más allá de un tema pragmático. La batalla sigue avanzando y la transformación también, para beneficio de todos.














