Que alguien pase décadas de estudio para poder resolver problemas que solo ese extremo de estudio le permite resolver, implica un costo enorme. Así tenemos doctores, post doctores, super especializados, que dado el sistema de intereses político económico, no resuelven eso que pueden y deben resolver.
No es nuevo encontrar ingenieros, maestros en diversas áreas y doctores, de los que la sociedad, simplemente desaprovecha su conocimiento. Porque los espacios para que ellos resuelvan están ocupados por aquellos que, cerca de quienes arbitrariamente deciden, han optado por preferir a sus amigotes o a sus inversionistas de campaña.
El costo de la especialización lo sigue pagando el Estado Mexicano a través de un CONACYT que no termina de dar pie con bola, para hacer que las investigaciones de sus super especialistas sean útiles y resuelvan lo que no se ha resuelto en años.
Es increíble ver cómo, jóvenes que no terminaron ni la universidad, escriben código para hacer páginas o portales que resuelven problemas colectivos y que eso les permite multiplicar resultados.
Jóvenes que no estudiaron la universidad que les dan clases a los súper especializados economistas, ingenieros y demás sabios de academia.
Todo debe replantearse a base de evaluaciones, si alguien no estudió en la universidad pero puede resolver problemas mejor que los post doctores, pues ese debe llenar el cargo, ya que de las evaluaciones imparciales que se hagan, no quedará duda que es mejor, o bien, es la oportunidad del súper especialista de, por fin, mostrar todo lo que ha aprendido a fuerza de estudio, y que el sistema político, simplemente no le permite desarrollar.
El nivel promedio de estudios de los políticos que están obligados a dar resultados resolviendo problemas y mejorar el nivel de vida de la población es cuando menos alarmante.
¿Cuál es la coherencia del discurso que promueve la educación para todos, pero que designa cargos para los que menos saben pero que mejor obedecen, mejor callan, mejor se coluden?
Es muy alto el costo de la especialización, más alto el de no usarla para resolver problemas y más alto el costo de tener en cargos públicos a personas poco instruidas o especializadas.
Parece que lo que aquí fallan también son los sistemas de auditoría y los sistemas de transparencia que hoy parece ser siguen el camino de la desaparición, por ineficaces y solo engrosar los costos del erario público, para mantener la opacidad a la que se supone están llamados eliminar.














