Varias veces, los estudiantes de las universidades públicas han hecho temblar a la nación en protestas y movimientos que responden al intento del Estado por cobrar la educación pública, aumentando cuotas de inscripción y servicios escolares.
“No se valora aquello que no te cuesta”, ha sido el grito de batalla del sector que apoya a cobrarle a los alumnos e implementar cuotas. Este podría parecer un argumento convincente, pero algo que más allá de ser convincente es verdad, es que miles de estudiantes a lo largo de la nación verían sus sueños y el esfuerzo de una generación derrumbarse frente a ellos por cuotas que si bien no son exorbitantes, serían impagables.
Hay quienes renuncian a ser personas para convertirse en máquinas registradoras, cuyo valor sólo se define por el capital que entra y sale de ellos. Escribo este artículo para argumentar que el costo de algo no es la única manera de valorar algo y para defender que solamente no se aprecia algo, cuando no se entiende.
Cuando somos niños, solemos despreciar la comida que nuestros padres ponen frente a nosotros porque no es de nuestro agrado, cuando nos convertimos en jóvenes adultos y tenemos que sudar para llevar un plato de comida a nuestra mesa empezamos a valorar el esfuerzo que nuestros padres hicieron por nosotros, sin embargo, cuando se tiene un hijo al cual alimentar, se entiende que el dinero que costó la comida pasa a segundo plano frente al amor que motiva al padre para trabajar por sus hijos.
La Universidad Nacional Autónoma de México, podría imponer a su alumnos cuotas estratosféricas y podrían seguir caminando en sus pasillos jóvenes desinteresados y apáticos que tengan la solvencia económica para pagarlas y nunca apreciaría la educación pública como aquel que independientemente a su condición socioeconómica, entiende que el conocimiento que recibe es una lucha generacional, porque el obrero no puede darle a sus hijos la misma educación que recibirán los hijos del Presidente de la República.
En una época donde lo único que importa es el costo de las cosas, mi invitación es que el objetivo no sea poder pagar, sino poder entender lo que tenemos frente a nosotros. Grandes dictaduras se han establecido en el terreno fértil que provoca que la gente olvide lo importante que es la libertad y lo difícil que ha sido conseguirla.
Debemos entender nuestras calles, el trabajo de las personas y el esfuerzo que hacen, debemos entender a quienes sufren y a quienes protestan, debemos rechazar el caer de manera fácil en calificativos, superficiales y binarios, debemos entender que no todos tienen las mismas oportunidades y que el privilegio debe servir para ayudar a los demás, debemos entender que la belleza de la vida se encuentra en la complejidad de sus estructuras y los sublime de su humanidad.














