¿Cómo podemos culpar a alguien por votar por Trump, por López Obrador o incluso por Javier Milei, si toda nuestra vida hemos visto desfilar filas y filas de preparados licenciados, distintos gobiernos y colores que implementan proyectos y acuerdos, pero nunca ha habido un cambio en nuestra cartera, una mayor seguridad en nuestras calles, ni calma al final de mes? Espero un mañana…
Todas las teorías de democracia y contrapesos, los políticos con planes a futuro y los expertos en gobernanza, palidecen frente a la impotencia que puede sentir alguien que tiene hambre y que no quiere otra cosa más que un líder que resuelva a como dé lugar las carencias del ciudadano promedio. Ellos esperan un mañana…
A este líder se le conoce como “el hombre fuerte” porque nunca lo vas a ver disculpándose, tomando tiempo para evaluar o titubeando en su actuar, su palabra es la última y sus acciones fuertes y contundentes y sin duda la tierra más fértil para su desarrollo es una sociedad desesperada y con problemas de esperanza y hambre. ¿Encarna él ya ese mañana?
Una sociedad con estas características, no tiene la culpa al elegir en tiempos de guerra, a un militar para que tome el mando, sobre un teórico que busque soluciones alternas para solucionar conflictos. Se anhela un mañana…
Es normal que una sociedad en crisis prefiera ser comanda por un hombre de acción, porque necesitamos esa calma, sentirnos en calma como cuando éramos niños y teníamos un problema que impresionantemente sólo nuestro padre o madre, podía con determinación resolver. A nuestra edad, ellos tenía el mañana solucionado.
El problema es que la seguridad sin mañana, en algún momento compromete la libertad y los hombres fuertes pasados los tiempos de crisis o incluso durante ellos, pueden tener grandes desventajas; basta con decir que el mismo Hitler era un hombre de acción y un hombre fuerte por el cual la sociedad alemana de entonces se sintió protegida. Con un mañana.
Hay que admitir que el mundo se mueve muy rápido, para muchas personas, los temas de género, la diversidad sexual, el feminismo o incluso usar popotes de papel, no solamente representa un cambio que necesita de nuestra tolerancia y apertura, sino que representa un movimiento por el cual se sienten amenazados porque no se he percibido completamente un mañana.
Ante esos cambios que requieren de una apertura, ha surgido Donald Trump, que con un increíble cinismo, rechaza las libertades individuales, Ignora el dolor ajeno y aboga por una nostalgia de un tiempo mejor que debatiblemente nunca existió. Él simula ese mañana.
No es coincidencia que tan pronto Trump llegó a la Casa Blanca por segunda ocasión y declaró que solo existen dos géneros, fue en contra de migrantes e incluso, firmó a una orden ejecutiva para que se regresara al uso del plástico en los popotes. Aún con las evidentes incongruencias, vuelve a simular un mañana.
Lo que está haciendo, es darle seguridad a aquellos que le tienen demasiado miedo al cambio; el problema, es que esta seguridad está atentando contra la libertad de otras personas.
Hoy, no solamente ataca medios de comunicación que lo cuestionan, sino que quita recursos a universidades que no se alinean con su pensamiento.
Mucha gente se puede sentir contenta con esto, creer que ya están montadas en un mañana. Sin embargo; nadie se da cuenta de lo mucho que quiere la libertad, hasta que la ha perdido y, normalmente, para entonces, es demasiado tarde… ya se diluyó el mañana.
Entonces, el costo de los hombres fuertes es un retroceso, no es garantía de un mañana, ha costado décadas y ríos de sangre a quienes luchan para que haya como resultado justicia en esa relación entre oprimido y opresor.
Por mi parte, yo espero y quiero participar en un mañana con buenos líderes y mejores ciudadanos y donde sepamos claramente, que el progreso, a pesar de ser incómodo, es el mejor camino.














