El día del estudiante en México, tiene más que ver con la tardeada que organiza la escuela, que con la conmemoración del movimiento que le dio su autonomía a la universidad nacional en 1929. Viene a colación relacionar las conmemoraciones con las celebraciones. Hace algunos años (más de 30) escribí un artículo felicitando a las mujeres un 08 de marzo. En aquel entonces recibí muchas muestras de agradecimiento vía correo electrónico ya que no existían las redes sociales ni medios de difusión masiva al alcance de todos. Tiempo después (hace diez años tal vez) intenté retomar ese artículo para compartirlo y la respuesta fue completamente diferente. Muchas personas ofendidas por el hecho de felicitar a las mujeres “…este día no es para celebrar, es para conmemorar…” decían. Es probable que nos falte un poco de empatía con los demás. Es probable que en lugar de enviar felicitaciones deba realizar una acción seria y comprometida para alinear mi conducta hacia un reconocimiento justo, equitativo y responsable para con las mujeres. Con todo y ello, caeríamos en una dinámica similar al día de las madres, donde la “celebran” con halagos, presentes y comidas que sean suficientes para olvidarla otros tres meses. Tal vez tengamos que voltear más hacia las pequeñas acciones que realizamos día con día, que colocan a la mujer en un lugar de privilegio en nuestros afectos, que se ven reflejados en nuestras acciones, derivadas de nuestros pensamientos consientes respecto a la pareja, la madre, la esposa, la hermana, la hija, la amiga y demás mujeres con las cuales interactuamos.
Y digo que esto viene a colación, porque es de vital importancia establecer el papel de un estudiante en la sociedad. ¿Qué espera un estudiante de su rol como aprendiz? ¿Qué esperamos, como sociedad, que ese estudiante haga para integrase a la misma? Estoy seguro de que más de uno de nosotros escuchó aquel gastado discurso de “…estudia para que puedas obtener un buen trabajo y sacar a tu familia adelante…”. Y tal vez en algún momento histórico y particular, esa premisa se cumplía. En la actualidad hay un altísimo porcentaje de alumnos que culminan, con el sacrificio propio y de sus tutores, una formación profesional, con título, con cédula profesional, y no encuentran un lugar que pueda remunerar sus logros académicos. La comercialización se ha hecho más relevante que la transformación. Cada vez más y más espacios públicos se convierten en plazas comerciales donde lo único que se fabrica son “las marquesitas” (muy sabrosas por cierto en Go Grand Outlet). Lo que llena esas plazas son productos terminados, ve tú a saber con qué condiciones de manufactura, con qué cumplimiento ecológico y con qué calidad humana en términos de responsabilidad social. Sólo sabemos que todos esos productos están a disposición con una maquinaria de mercadeo suficiente para que nos importe un bledo su origen, su precio o su perjuicio a la economía doméstica. Esos puestos de trabajo son llenados con quien esté disponible, y muchas veces los disponibles son los que ya terminaron de estudiar y tienen que ganarse el sustento, así que, si no lo encuentran en el dominio de su formación académica, lo harán vendiendo productos varios de infinitas calidades.
Nosotros esperamos que el árbol se fortalezca y gozar de sus frutos. Pero hacemos muy poco por abonarlo, regarlo o cuidarlo. Queremos que los jóvenes sean el futuro de nuestro país, pero no los alimentamos como deben, no los ayudamos a formarse con retos, no los dirigimos con principios naturales que definan su carácter. Sólo los enviamos a la escuela, rogándole a Dios que “le heche ganas” para que salga adelante y que deje de juntarse con los vagos de la colonia que nada más lo sonsacan.
Tal vez el día del estudiante deba tener un formato como lo tiene el año nuevo o la navidad. Es decir, tal vez deberíamos, llegar a la celebración con una lista de compromisos; con un deseo muy particular que represente un reto para los siguientes 12 meses; con unos mangos que sustituyan a las uvas para asumir una responsabilidad que me lleve a mejores lugares de conocimiento y desempeño académico; con un backpack que represente un espacio para llenar con conocimientos, habilidades y principios rectores de mi personalidad; con un compromiso que ha cumplido su tiempo de madurez y apropiación para que pueda regir mis pensamientos y mis conductas; con una meta consciente de renunciar a prácticas de procrastinación, pereza, falta de atención y hasta facciosas.
Es tiempo de dejar en el pasado respuestas como “¿era para hoy?”, “¿lo podemos entregar mañana?”, “¿Y si lo hacemos mejor en equipo?” Tomemos responsabilidad de nuestra propia educación. Adoptemos conductas que acusen la madurez de nuestras funciones ejecutivas. Hagamos algo lindo en el día del estudiante. Luego no me salgan con que ¡Es que usted no dijo!














