“Al final, no recordaremos las palabras de
nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos.”
— Martin Luther King Jr.
En un ambiente caótico, plagado de irregularidades, violencia e injusticia, el político superficial se mantiene en el silencio, no le veremos denunciar nada, espera siempre instrucciones para proceder hacia un lado u otro, es el obediente para la protección de sus intereses, pero no para los que debe proteger, los del pueblo.
El pueblo debe aprender a diferenciar entre el político ligero, superficial de otro u otra que lucha por cambiar las cosas, plantea, propone, señala; el político o política que supera sus miedos e intereses personales, por el ideal mayor, que es el bien de todos, el bien del pueblo.
No sé qué porcentaje de nuestro mapa político son de ese talante, ya comprometidos o superficiales, pero está en nosotros distinguirlos.
Al político superficial, le han de caracterizar el silencio cómodo, no aparecer en momentos en lo que debería plantar postura, declarar y actuar; solo le veremos en las inauguraciones, en las celebraciones, dando juguetes o dádivas, pero no en la batalla, no enfrentando problemas, solo evadiéndolos.
Ahora veamos hacia la sociedad, ¿qué agrupaciones, asociaciones están planteando soluciones, señalando problemáticas que deben resolverse y cuáles solo buscando el favor económico para sus intereses, proyectos y beneficios?
Cuando nos convirtamos en esa sociedad que no pare en la consecución de sus ideales, que ponga alto o señale cuando haya injusticias o abusos, cuando logremos ir juntos en acción colectiva, reclamar a instancias que hoy duermen pero que están para defender derechos humanos, a que interpongan acciones de inconstitucionalidad, en defensa de la población, cuando exijamos la escucha atenta del poder público y no solo ser receptores pasivos de lo que dicen que han hecho o van a hacer; entonces, no habrá manera de detener el progreso, la sociedad como motor poderoso, guiará con fuerza en el camino de la justicia, de la paz social, del bien general.
Para que ya no haya políticos superfluos, necesitamos sociedades pensantes, reflexivas, proactivas, propositivas, en una palabra: dignas para la defensa de sus derechos.














