Él se decía campesino antes que Presidente; pasó los últimos años de su vida en su casa, trabajando su tierra, sintiendo ternura por la vida, tomando mate, acompañado por su esposa quien fue su compañera de lucha.
Le gustaba que le dijeran “Pepe” antes que Presidente porque siempre había sido Pepe y solo por una época fue jefe de estado.
Muchos decían que era el líder más pobre del mundo, pero él decía no ser pobre, solamente vivía con aquello que necesitaba y vivía como la mayoría de su pueblo y su trabajo era representarlo; le gustaban los tangos y los cantaba mientras se acompañaba por su perrita “Manuela”, José Mujica, era un hombre ejemplar que podría darnos unas cuantas lecciones de la vida y el significado de servir.
Durante su juventud, le tocó vivir una época dolorosa, en donde Latinoamérica, atravesaba por diversas dictaduras militares y en sus mismas palabras: “…el destino les hizo darse cuenta que Uruguay no era él suiza de América Latina” el Pepe fue un guerrillero, que pasó más de 10 años en la cárcel como preso político.
Decía él que si no hubiera vivido tanto tiempo en soledad y miedo, no hubiese sido la persona que fue, pues hubiese sido más materialista, de corto alcance, superficial y simple.
Las circunstancias y los golpes le enseñaron que la cosas que tanto deseamos no se compran con dinero, se compran con tiempo de vida que es lo más importante que tenemos. Él vivía incluso como Presidente, solamente con lo que necesitaba y todas sus fuerzas las dedicaba a vivir la vida y a servir.
Estoy convencido, de que a pesar de que tuvo razones para odiar, José Mujica, deja este mundo con un alma limpia, habiendo dejado más de lo que se llevó e incluso, cuando se va, apenas va llegando porque dejó plantado con su lucha y sus ideas, un árbol, que mañana, nos dará sombra a todos.














