Hace unos días, la Presidenta de la República, le envió, a través de una carta, un contundente mensaje a su partido. Las líneas escritas por la Presidenta, buscaban reivindicar el camino de los líderes del partido y dar un “jalón de orejas” a aquellos que se han comportado durante los últimos meses, -paradójicamente- como nunca se hubieran atrevido durante el pasado sexenio.
En una decena de puntos dedicados con nombre y apellido, la primer mandataria le recordaba a los Morenistas que era su movimiento un cercano al pueblo, creado para servirle de manera cercana y real, por lo que sus miembros no debían viajar en helicópteros (Monreal), tener escoltas ni carros blindados (cualquiera), asistir a congresos internacionales con dinero público (Noroña), no deben caer en el nepotismo (referencia a la modificación aprobada en el Senado), ni tener ropa de marcas caras o hacer campaña anticipada (Adán Augusto).
El fuerte llamado que Sheinbaum hace a sus legisladores, nos muestra que existen importantes problemas en el paraíso y el partido más grande de Latinoamérica. Enfrentan sus más importantes contrariedades dentro de sus propias filas; lo que no solo representa un problema para su continuidad, si no para la gobernabilidad de la primera mujer Presidenta.
Debo admitir, que aunque no todo ha sido perfecto, no ha sido malo el trabajo e intenciones de Claudia, he visto interesantes proyectos, iniciativas y formas que me parece tranquilizan a la ciudadanía, hoy parece que todos la respetan menos los coordinadores legislativos de su movimiento, cuya prioridad es jalar agua para su molino y parecen estar creando corrientes disidentes.
De entrada, me parece que estas disidencias pueden provocar problemas para la designación de candidatos en futuras campañas, haciendo que la voz de Shienbaum, sea importante pero no definitiva; sin embargo, el mayor problema, me parece que es la eficacia de sus proyectos, pues pueden verse comprometidos por liderazgos negados a colaborar.
Quizá pudo ser un error, haber llevado a la gente de su mayor confianza a su gabinete, pues si bien hoy el ejecutivo funciona de manera correcta, las demás áreas del gobierno, como el legislativo, el partido y gubernaturas, parecen fuera de su alcance; y quizá también, por la poderosa sombra de su antecesor que no ha soltado (y quizá no soltará) las riendas de la política nacional.
Entonces, hay una división en Morena tan importante, que no puede negarse que es visible tanto en lo nacional como local; sin embargo, aunque la primera ley de la conquista es “divide y vencerás”, la oposición, parece estar dormida ante esta gran intensidad y parecen estar tan hundidos en su letargo que son incapaces de utilizar la coyuntura para lograr algo provechoso.
Claudia tiene frente a ella un gran reto, en donde debe ejercitar su mano dura por el bien de su gobierno.
Aunque debo decir, que también me pregunto muy seriamente: si la división de Morena, que pone en riesgo su continuidad, ¿realmente importa?
¿No fue Morena -acaso- solo un fusible que sirvió como el vehículo que llevó protegido a un hombre al poder?














