“El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por quienes los observan sin hacer nada.”
— Albert Einstein
¿Cómo puede entenderse a una sociedad que después de ser abusada, marginada, robada y engañada con servicios de baja calidad, baches por todos lados, falta de agua, de energía, cobros excesivos, disminución de derechos, incremento de costos e impuestos, se mantenga serena como si nada aconteciera? Es una sociedad que se ha acostumbrado a mirar asesinato tras asesinato, hasta que llega a normalizar todos esos extremos y se olvida de ayer para sorprenderse, otra vez, con las notas del día.
Una sociedad que solo quiere olvidar, reír de lo que sea, olvidar y volver a olvidar. Escapar del problema, no verlo, no enfrentarle, dejar que otros resuelvan, que otros se responsabilicen, que otros hagan o dejen de hacer, quejarse un poco o un mucho… para luego, de nuevo, olvidarlo todo.
A pesar de las gestas heroicas que celebramos en el año, que se refieren a lo que una vez fue la resistencia a la opresión, a la lucha contra la injusticia, el ciudadano ya no lucha por cambiar nada. Si acaso, lucha por su propia condición en un entorno enrarecido, en donde el libre mercado ha ido desapareciendo para dejar que los oligopolios y monopolios se apoderen de la industria, del comercio y de los servicios.
Es algo que el ciudadano ya no nota, no se ha dado cuenta de que los fraudes que se operan desde afuera de su país, desde un sistema financiero delictivo y le afectan más de lo que imagina.
Es el individuo que no se pregunta nada, pero le place repetir lo que otros dicen, su pensamiento es lo ya pensado, es el lamento que le recuerda su impotencia, un entorno que no controla, que lo minimiza, por eso, mejor no pensar, ¿para qué?
A pesar de ello, hay quienes están dispuestos a enfrentar los problemas, a innovar, a cambiarlo todo, a no dar tregua a su lucha y a no creer nunca en los fantasmas que le venden para asustarle.
El ciudadano que ha despertado, que ha decidido dejar el pensar infante, es la esperanza de mejores días para todos. También, el rebelde; el que no se ha de conformar con lo que no acepta. Por último, el que no olvida, aquel que no quiere olvidar, su espíritu indomable recuerda que ya en otras épocas ha luchado y ha vencido, que todo cambio es necesariamente la oposición a la inercia. Es por esos ciudadanos que tiene sentido todo, los valores, como la justicia, el bien, el desarrollo, la civilidad, por encima de un mundo brutal.














