En estos tiempos, en los que nada se construye y mucho se habla, pienso constante en la validez de los argumentos de los políticos, pues son su herramienta de gobierno. Aunque estoy seguro que la labia y la mentira pueden encontrarse en cualquier época, considero que hoy de manera mucho más grave, quienes dibujan la realidad política atentan contra la razón.
Quizá me hace falta una licenciatura en filosofía para emitir una depurada definición de la razón y como se atenta contra ella. Yo entiendo la razón como una facultad humana, que nos distingue de todos los seres vivos, con la que podemos determinar entre el bien y el mal, entre la verdad y la falacia, entre el peligro y lo seguro.
Considero la política, sobre todo la parlamentaria como la deliberación entre una postura y otra, con el objetivo de alcanzar el bien común, considero que los argumentos deben estar enfocados hacer ver de manera hábil como la razón de otros, puede estar omitiendo importantes datos que les impida observar más allá, el buen parlamentario y político debe buscar con sus argumentos hacer salir a otros de la caverna de platón para librarse de cadenas y vivir algo mejor.
Por el contrario, viendo a Trump, a Milei, a Obrador, a Noroña y a muchos más, me doy cuenta que no hay intereses compartidos ni la intención de llegar a un puerto donde todo sea mejor, por el contrario se busca acumular poder como si se tratara de riqueza y malamente se piensa que la política es una guerra entre “ellos y nosotros”
Observó con horror, como políticos y líderes crean argumentos utilizando complicados trucos, para disfrazar lo que evidentemente es una mentira como una gran verdad y mandan a sus soldados de voz gruesa e identidad frágil a repetir esas mentiras bien elaboradas y pronto esas peligros mentiras se convierten en justificación de atrocidades.
Pienso, que nuestro papel es tenerle más respeto a la razón que a las ideologías, caminando así con atención y cuidado a los pensamientos que nosotros mismos creemos correctos y con tolerancia cero al que quiera con mentiras bien pensadas, falacias pegajosas y realidades alteradas atentar contra nuestra razón.














