Hace unos días ocurrió una tragedia con una persona quien reclamaba el desalojo de su inmueble utilizando armas de fuego y resultó en el desafortunado deceso de dos personas.
Las investigaciones apuntan a temas importantes de justicia por propia mano, corrupción, burocracia, desinterés de las autoridades, células delictivas y otros varios temas igual de complejos. Es sencillo tomar una postura cuando somos espectadores. Es sencillo colocarse de un lado u otro en las opiniones porque al final del día son sólo eso, nuestras opiniones, y de las opiniones, no se construyen ni las leyes, ni los instrumentos jurídicos, ni las instituciones. Sin embargo, en un mundo digital donde lo trivial puede convertirse rápidamente en viral, donde lo viral no es necesariamente de calidad, donde lo popular no siempre es lo más saludable, donde lo que está en tendencia no siempre es lo más importante, ahí en ese mundo, podemos fabricar villanos y héroes, acosadores y acosados, verdades absolutas y descalificaciones. Y en esa dinámica de querer alzar la voz sea constructivo o no, hemos confundido las posturas, nos hemos olvidado del sentido crítico, pues hemos dado mayor peso al derecho a opinar, que a un principio de respeto para los demás. Y la vida va a seguir formándose de esa manera, cada vez con mayor velocidad y cada vez con menor entendimiento de la interculturalidad. Si ya de por si era muy pesado que al abrir un foro para discutir y recibir opiniones de todas partes, las personas utilizarán seudónimos para opinar en la oscuridad del anonimato, ahora es realmente desgastante saber que se hace viral la opinión de un avatar creado con inteligencia artificial, con una postura prefabricada, con una voz de catalogo y recitando datos sacados de quien sabe que fuente.
Lo que hoy digo, es que es injusto que haya grupos de malhechores dedicados a arrebatar los inmuebles con prácticas de intimidación y acoso para las familias; considero que es reprobable que al acudir a las autoridades, no se tenga una respuesta que sea de verdad favorable para quienes hacen las denuncias; es muy complejo que se tenga que recurrir al uso de la fuerza para hacer justicia y que al final las fatalidades se presenten por la combinación de factores muy diversos que poco tiene que ver con la justicia y nada tienen que ver con el orden social.
¿Dónde empieza la debacle de la comunidad? ¿Dónde inicia el fastidio y la intolerancia en una sociedad golpeada por los sistemas fallidos o insuficientes? ¿No estamos corriendo el riesgo de actuar sólo con nuestra voluntad, cansancio y nuestro criterio unilateral? Quiero pensar que nos estamos deshumanizando, pero por otro lado también considero que para establecer un orden justo que sea útil a una sociedad, deberá existir una necesidad imperante que deba ser corregida con la aplicación de la fuerza mínima necesaria.
De las muchas cosas que son importantes de destacar en estas situaciones, nombraremos dos que pudieran ser de gran ayuda: Primeramente, desaprobar cualquier modo de abuso. Y estoy hablando desde casa. Nosotros debemos ser los primeros en no permitir abusos por parte de ningún miembro de la familia. Establecer las consecuencias por si alguien incurre en malas prácticas con quienes convivimos en el hogar. Y es obvio que quienes representan la autoridad, tienen la obligación moral de poner el ejemplo, para que no seamos los abusadores primordiales a quienes ni siquiera se les puede aplicar sanción alguna. La segunda es participación. Siempre que nos sea posible, participemos en la creación de comunidades. Hagamos labor con los vecinos; utilicemos los buzones de sugerencias, ya sea para felicitar o para reclamar; hagamos recomendaciones y seamos partícipes de nuevas formas de comunicación. La participación es de gran ayuda cuando quien participa lo hace con conciencia ciudadana, es decir, que no es por protagonismo, sino que de verdad haya un espíritu genuino de aportar a causas justas y ordenadas. Por favor no salga a agredir a la gente cuando el único beneficiado (lo logre o no) es usted. Y si lo hace, cuide de su familia, no arriesgue de más, no se meta en problemas mayores. Los demás podrán estar opinando de si su actuar fue bueno o malo, pero ninguno de ellos (salvo los muy cercanos, claro) va a ver por su familia mientras usted enfrenta un proceso administrativo que lo aleje de su hogar por semanas.
Seamos constructores de comunidad. Seamos ejemplo de buenas maneras. Seamos esa luminaria tan solicitada en tiempos aciagos. Seamos guía y protección para nuestras familias. Hagamos una reflexión se suda para distinguir entre lo popular y lo justo.














