Enrique Peña Nieto y López Obrador son personajes antagónicos, no solo en su forma de ser, sino también en la evaluación final de su gobierno. Peña Nieto empezó a ganar cariño después de entregar la banda, pues haber salido del poder nos hizo dar cuenta, con mayor madurez y frialdad, de los grandes planes que tenía para México.
Sin embargo, es igualmente maduro recordar que su gobierno era, día a día, una vorágine de decepciones y una gobernabilidad nula que tenía al clima social al límite. Fueron casos como el de Ayotzinapa y Odebrecht, y fueron personas como Murillo Karam y Videgaray, los que hicieron de Peña uno de los presidentes menos populares en la historia de México.
Al contrario, López Obrador era el amo de la gobernabilidad, dictando la agenda diariamente desde “Las Mañaneras”, liberándose como serpiente de las críticas y convirtiéndose en uno de los presidentes más populares, a pesar de que, por lo menos en Morelos, podamos vernos seis años después con las manos vacías y en un México agraviado.
Esa es la principal característica de la actual forma de hacer gobierno en el mundo: hablar hasta que su ideología esté en nuestra sangre, navegar hábilmente entre el control político y ser pragmáticos hasta en excesos criticados.
Pero es entonces y solo entonces, cuando encontramos un poco de silencio y volteamos y percibimos nuestras calles y nuestra vida y nos damos cuenta… de que nada se ha construido.
Su objetivo es el poder: poder quedar plasmados en los archivos de la historia y sentir cómo su mano cambia el mundo, pero nunca dejar más de lo que toman.
Ellos declaran la guerra y lanzan a la ciudadanía con las camisetas de militantes; nos hacen enemigos unos de otros y nos repiten en cada bocina que otros y no ellos son los enemigos, pero ellos no son nada más que el estruendo que provocan.
Pienso en Sheinbaum y creo que, a pesar de lo agresiva que fue su llegada a la Presidencia, ya sentada en la silla ha intentado corregir el rumbo, construir hacia el futuro y para la gente. Pero el cantante del estruendo, de las ideologías a conveniencia y del poder de los escondidos no se lo ha permitido.
Por eso, creo que nuestra tarea va más allá y no es luchar por causas incorrectas, ni derramar sangre hermana por el hambre de poder de unos cuantos.














