El día miércoles, después de haber generado una gran zozobra por semanas, Trump, sabiéndose portador de la atención mundial, caminó entre aplausos de sus simpatizantes hacia el Jardín de las Rosas ubicado en Casa Blanca, el cual era adornado con grandes banderas estadounidenses, para dar inicio a lo que él llamó “el día de la liberación” y, consiste en el despiadado anuncio de aranceles “recíprocos”.
Con su actitud normalmente arrogante, anunció que después de años de haber sido “saqueados”, América finalmente pondría un alto, colocando impuestos a las importaciones de una gran cantidad de países del mismo porcentaje que los países imponen a Estado Unidos.
Esto basado en lo que llamo la sencilla logica “They do it to us, we do it to them” (Nos hacen algo, les hacemos algo).
Según él, estas agresivas medidas arancelarias, incentivarán a las empresas a trasladar su producción a territorio estadounidense, para así, dar empleo a miles de ciudadanos; según él, esta medida le dará al gobierno miles de millones en impuestos y les regresará el “Sueño Americano” y, terminó esta serie de mentiras nacionalistas, diciendo que su país celebraba una declaración de independencia económica.
De manera casi automática, la bolsa no tardó en reportar números rojos, pues una economía que crea productos ensamblando partes fabricadas en todas partes del mundo, no pudo ver nada positivo en el duro golpe para la cadena de producción que significa pagar un impuesto por cada cruce fronterizo necesario para crear carros, teléfonos, computadores, electrodomésticos o muchas de las cosas que usamos todos los días.
Hay quienes dicen, que la política arancelaria es la nueva política fiscal y que el gobierno busca usar las importaciones como pilar de su recaudación; por mi parte, sostengo que los aranceles son una forma de extorsión; cancha donde el Presidente Trump -conocido por profesionalmente hacer del caos su forma de gobierno- encuentra el poder atentando contra la industria de las naciones.
Por el apoyo de su base y el poder en su puño, Trump está tirando por la borda el liderazgo internacional que por tantos años ha construido.
El bravucón del mundo busca respeto generando temor en los gobiernos mientras que las empresas pueden buscar formas de ganar evadiendo la incertidumbre del país americano.
México, hace sonar las campanas de la felicidad, advirtiendo que Trump ha decidido no imponer aranceles en nuestro país y, a pesar de que esto es bueno, no significa un triunfo. El triunfo tomará forma, pero en nuestra independencia económica, cuando desterremos esa maldita lógica de que la gripe en el norte es la pulmonía en nuestras bolsas.
La lección que Trump nos deja es construir un país independiente en lo económico, con el que se negocie, no con el que se disponga.














