La impunidad es un pendiente nacional, tiene que ver con la falta de impartición de justicia que en muchas ocasiones se relaciona directamente con intereses políticos o económicos. Esto a ha sido así a través del tiempo, desde la conquista hasta nuestros días la impartición de justicia ha estado sesgada a esos intereses lo que, en el fondo, imposibilita que esta se aplique y menos se consolide.
Los órganos encargados de garantizar dicha justicia inician con buenas intenciones, pero al paso del tiempo se contaminan y terminan por ser cualquier cosa menos órganos encargados de impartir justicia.
El tema vine a colación a propósito de la actuación de la fracción parlamentaria de Morena y la del PRI en la Cámara de Diputados Federal determina como procedente el no iniciar un proceso de juicio político en contra del ex gobernador de Morelos, hoy diputado federal Cuauhtémoc Blanco, para efecto de quitarle el fuero constitucional y se le investigué por posibles actos constitutivos de delito. Dicho acto es la acusación por intento de violación a su media hermana hace algunos años.
Tal situación se agrava en términos mediáticos por ser un ex gobernador con resultados pésimos y envuelto en diversos escándalos relacionados con su administración y por tratarse de un diputado integrante de la fracción parlamentaria de Morena. Evidentemente al tratarse de una presunta violación, sumada a una serie de agresiones a su esposa, que se hicieron públicas recientemente, se convierte en el centro de atención nacional y los reflectores brillan más que en otros casos similares.
Por esa razón, pareciera absurdo que la mayoría que tiene Morena en la cámara baja, se desgaste intentando proteger a alguien para que pueda ser investigado. Una mayoría que se requiere para hacer modificaciones sustanciales a una diversidad de leyes, que se requiere para proponer y aprobar legislación necesaria para consolidar la transformación y, además, para hacer modificaciones constitucionales necesarias para ese fin, no debiera estar gastando cartuchos en la defensa innecesaria de alguien que, además dice el mismo, se presume inocente.
Esa actitud es precisamente una acción que se critico por muchos años de priismo y panismo, porque protegían a sus cómplices que hacían infinidad de fechorías. Por ello intentar proteger a alguien para que no enfrenta a la justicia es un mal precedente desde cualquier perspectiva que se le quiera ver, sobre todo cuando se pretende ser coherente entre el hacer y el decir, si es así ¿Para qué forzar la defensa de alguien?
La impunidad es una pésima practica que debe atacarse con determinación y sin menoscabo de quien se trate. Darle un sesgo político a las decisiones que se toman dejando de lado la transparencia y la justicia es un error que no se debe cometer en un proyecto que habla precisamente de ser la voz de los siempre ofendidos, de los siempre agraviados. La decisión que tomo la fracción de Morena y que avalo el PRI en la cámara baja deja un mal sabor de boca, un sabor a negociación por un interés común y vulgar. No se nos puede olvidar que hacer un acuerdo con quienes son maestros de las negociaciones en lo obscurito y por debajo de la mesa, para obtener prebendas y beneficios personales siempre serán eso y entonces el que voten algo con ellos evidencia acuerdos insanos porque esa es su naturaleza. “Dime con quien andas y te diré quien eres”, en estos momentos eso es rudeza innecesaria.
La impunidad es un flagelo que se antepone a la justicia y entonces generar condiciones de impunidad es desviar o detener el que se haga justicia, entendiendo que la justicia es demostrar quien dice la verdad sin prejuzgar y sin cargar los dados. En este momento esa condición no se cumple porque los dados están cargados hacia un lado, el viejo dicho de “créanme no les voy a fallar” esta vez no aplica, lo único que aplicaría, en todo caso, sería que se enfrente a un proceso d investigación sin la protección del fuero para que se difumine el olor a impunidad.














