Horas antes de que se supiera públicamente que su cabeza iba rodar, Uriel Carmona denunció ante el Congreso de la Unión, al diputado (y ex gobernador de Morelos) Cuauhtémoc Blanco, por presuntamente haber violado a su media hermana. La denuncia llevaría a un juicio de procedencia hubiera podido quitarle el fuero, para que un juez determinara si es o no culpable.
Todos los medios saltaron rápidamente a denunciar que Uriel Carmina había sido destituido por denunciar al ex gobernador, esto me muestra de manera fría que incluso los grandes medios publican titulares, pero no historias completas. El ex fiscal de Morelos no fue destituido por hacer una denuncia, sencillamente fue su última jugada, la cual dio un gran golpe a la Presidenta de México.
Los últimos seis años, Morelos tuvo un gobernador de papel y un gobernante material, Cuauhtémoc fue el gobernador de papel, que robó a manos llenas y no se interesó ni un minuto de su sexenio por los morelenses, dejando huecos enormes de gobernabilidad, esos huecos fueron llenados por el ex fiscal de Morelos, quien con ayuda de los diputados y una cartera muy gorda formó su imperio en un estado sin gobierno.
De manera administrativa, política y material, los dos hombres atentaron uno contra el otro sin ninguna mesura durante mucho tiempo. Hay que decirlo, ambos están manchados, pero en algún periodo parecía que Uriel le ganaría la batalla al gobernador; sin embargo, el gobernador cuenta con el respaldo del Presidente AMLO (respaldo que a mi parecer compró).
En el último tercio de su sexenio, la lucha contra Uriel, fue tomada por la federación, especialmente por el duro ex Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, quien a pesar de las grandes crisis que vivía el estado, solo le abriría la puerta a los diputados locales hasta que destituyeran al fiscal.
Fue hasta que Luisa María Alcalde, se convirtió en Secretaria de Gobernación, cuando se atrevieron con la ayuda de Claudia Sheinbaum a arrestar a Carmona, Debido a su fuero, no fue posible removerlo y tan pronto salió de la cárcel retomó sus funciones como fiscal.
Aunque tenía un bajo perfil, se había convertido en una piedra en el zapato. Dice Jesús Castillo (y me parece muy creíble) que a partir del hartazgo, la instrucción vino desde la Presidencia en un evento en Querétaro, en donde Sheinbaum dijo que el fiscal se tenía que ir.
Estoy seguro que la instrucción vino de México, si no es que a los diputados los mandaron a traer desde alguna oficina del gobierno federal, pero era un hecho que Uriel se iba. Sabiendo esto, el ex fiscal hizo su última jugada, presentó una denuncia donde se acusaba al ex gobernador de cometer una agresión sexual contra su media hermana.
Políticamente es muy inteligente, estoy seguro que pudo presentar una denuncia por nexos con la delincuencia o corrupción, sin embargo, el tema de agresión sexual representaba un gran dilema para la Presidenta, en donde tenía que elegir entre dos tragos amargos, porque tendría que decidir entre permitir el desafuero y admitir que uno de los legisladores de la Primera presidenta de México era un agresor o protegerlo y poner en duda su compromiso con las mujeres.
El fiscal se fue, pero en Morelos dejó un duro golpe en el Tribunal Superior de Justicia, mientras que a nivel nacional, dio dos grandes golpes que dejarán cicatrices a la Presidenta de México. El primero fue el proceso en el cual no se le quitó el fuero a Cuauhtémoc Blanco, haciendo parecer que en su gobierno se protegen agresores y poniendo en duda su lucha por las mujeres, dándole a la oposición tela donde cortar y a la ciudadanía material legítimo para cuestionar su gobierno.
Y el segundo, mostrándole que no tiene mayoría, pues hay que ver a los legisladores disidentes para darnos cuenta que son ellos los más cercanos a Claudia Sheinbaum, mientras los que le permitieron mantener el fuero a Cuauhtémoc siguen sirviendo a López Obrador, es duro darse cuenta que la actual Presidenta, no tiene los votos ni siquiera para pasar una ley.
Uriel, con un pie afuera de la fiscalía, le aventó una bomba a la Presidenta de la República, que le haría perder el control de la agenda, el apoyo de muchas mujeres y mostraría huecos en su poder. Me parece también, que aunque debería serlo, esta historia no trata sobre darle justicia a una mujer agredida que la merece, viendo las pinceladas que conforman este gran cuadro podemos ver nuevamente a dos hombres poderosos peleando por el poder.














