En los últimos meses del año pasado, cuando el gobierno estaba enfocando todos sus esfuerzos en pasar una reforma “que iba a dar justicia al pueblo” la Guardia Nacional entró a un rancho en un pueblo de Jalisco. El operativo pasó en los expedientes como uno más, sin embargo, fue hasta el siguiente año que la población civil descubrió que la Guardia Nacional, fiel a su naturaleza, no había hecho bien su trabajo.
Madres buscadoras entraron al rancho Izaguirre, para descubrir ahí cientos de objetos personales como tenis, mochilas y ropa, pronto aquel operativo que hizo la Guardia Nacional a un rancho operado por criminales, se había convertido en un crematorio clandestino, donde decenas de personas fueron asesinadas y reducidas a cenizas.
El caso, habla de una situación horrible que nos negamos a ver: los desaparecidos.
En el calderonato, el crimen se dio cuenta que a la gente le dan miedo los cuerpos y por ello y buscando no dejar evidencia prefirieron las desapariciones. El que yo considero es el crimen más horrible porque combina el dolor y la incertidumbre.
Cada día, el caso de “el campo de exterminio” se ha convertido en un problema más grande para el gobierno (y que bueno), no solamente por lo macabro de su contenido, si no por el mal trato que un gobierno indolente le ha dado. Claudia Sheinbaum, intentó aplicar la misma firmeza y visión estadista anunciando medidas para que nunca vuelva a existir un lugar como este.
Sin embargo, un legislativo adverso (aunque tiene mayoría en el) le dijo por medio de Fernández Noroña, quien desacreditó la importancia del rancho, que solo tendría más problemas presentando iniciativas sobre un tema tan delicado, por lo que retiró la propuesta. Mientras tanto, Noroña, que parece estar conspirando en contra de su Presidenta, no deja de cometer errores, pisoteando el luchador que alguna vez fue.
Mientras tanto, el gobierno, que en las fiscalías no se cansa en declarar que investigará, pero no resuelve nada y, en los partidos, que intentan advertir una campaña negra, se preocupa más de los malditos puntos de popularidad que de los jóvenes que buscando un trabajo, se pusieron la ropa más presentable que tenían, para ir a un rancho del cual nunca más regresaron.
Espero que México escuche a las madres gritando “Hijo, escucha tu madre está en la lucha” y derrame una lágrima por la violencia con la que nosotros debemos de acabar, mientras unos intentan desacreditar y otros politizar, nos toca nosotros salir a las calles, incomodar y señalar aquellos cuya moral, también esta desparecida.














