La sed de agua potable que padecen los habitantes de la capital del estado no tiene presidentes y no es un asunto de escasez en las fuentes de abasto, pues si algo tiene esta zona del estado es la riqueza de líquido en el subsuelo. El asunto más bien tiene que ver con el desastre, la corrupción y la omisión que las autoridades municipales de varios trienios han propiciado y permitido en el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC).
Incluso, este sistema es tan ineficiente y las autoridades tan incapaces de operarlo, que ahora resulta que es más rentable abastecer a las familias de las distintas colonias y poblados de la capital con pipas, pues aunque no se dice ni se reconoce, el alto consumo de energía eléctrica y la millonaria deuda que se arrastra con la Comisión Federal de Electricidad desde hace años, hace imposible el funcionamiento de los pozos de agua potable.
En términos simples, la creciente demanda del líquido durante los últimos años es diametralmente opuesta a la capacidad de respuesta del SAPAC para abastecer a los habitantes, pues a pesar de que cuenta con una infraestructura material y humana, no existen los recursos para hacer que funcionen ya que el mayor gasto es al pago de la nómina de una burocracia inútil e innecesaria.
En estas condiciones el agua no llega a las cisternas y los depósitos de las casas de los usuarios del SAPAC, pero lo que no falla invariable e ignominiosamente de manera puntual, y con los incrementos graduales de cada bimestre, es el recibo de cobro por el servicio, algo que es una burla indecente que las autoridades no vacilan en aplicar. ¿Hasta cuándo y quien será el avezado alcalde que por fin resuelva el tema del agua potable en la ciudad capital? Lo curioso es que en ningún otro municipio del estado se registra una situación tan deprimente en este tema y eso ya es decir mucho, a ver…
L@S REDES: La de Cuauhtémoc Blanco es una pobre historia más de aquellos miembros que desde la farándula o el deporte han incursionado en la política, favorecidos por la gracia de quienes encumbrados en el Poder Público y en los Partidos Políticos, suponen que figuras como esos personajes son útiles en términos electorales, por ser populares con un alto grado de simpatía entre las masas. Así, casos de actores famosos como Silvia Pinal, Sergio Meyer o Carmelita Salinas, y deportistas famosos como Romel Pacheco o Ana Gabriela Guevara, son algunos ejemplos claros que desafortunadamente, con sus honrosas excepciones, trascienden más por sus escándalos y por sus evidentes deficiencias en los quehaceres políticos, que por sus buenos oficios y resultados de autoridad. Pero el caso Blanco Bravo puede marcar un hito dentro de estos personajes aventurados en la política mexicana, porque de tener un desenlace legal y moral su tema, es muy probable que sea el primero en enfrentar, tanto por sus excesos y sus faltas graves, las consecuencias de actos que están ligados con una característica que distingue a estos personajes, es decir además de su falta de cultura y educación, la creencia de que pueden tomar con cierta facilidad lo que creen que se merecen, y lo peor que le puede pasar a individuos como el exfutbolista en contra de otros, es creer que tienen poder y con él un pase hacia la total impunidad, bueno, ciertamente que hasta este momento es así gracias al manto protector de sus aliados y amigos políticos, pero veremos si persiste a pesar de la presión social que representa esta protección y altísimo costo político que significa, sobre todo porque crece entre el sector de las mujeres un sentimiento que las ha vulnerado históricamente y las lastima, así como la decepción porque a pesar de su lucha y los avances que se han registrado en los últimos años, casos como estos nos vuelven a recordar que ha sido desde el poder público y desde el gobierno, y por razones de conveniencias políticas, donde se protege a agresores, a ver…














