Hoy Morena se encuentra en una inmejorable situación en relación a la preferencia electoral en el país. Situación relacionada indiscutiblemente a la acción de gobierno que es bien vista por la mayoría de los ciudadanos del país. Este hecho, que envidiaría el PRI en sus mejores momentos, es un arma de doble filo porque puede ser un espejismo que posponga la verdadera causa de un partido político de izquierda.
Es necesario que un partido de izquierda retome los lineamientos sociales que retomen las causas de los más necesitados, y no que solo sea un partido que atienda procesos electorales por si mismos. La importancia radica y redunda en un tema de principios y fundamento ideológico. Un partido electorero es un partido diseñado para ganar elecciones con candidatos que no necesariamente respondan a un proyecto social, sino que solo responden a intereses particulares o de grupo. Esa es una constante que fue repetida en los últimos años de vida del PRD y también en los nacientes años de Morena.
El mayor atractivo de Morena en un principio fue la oferta político-social del líder moral Andrés Manuel López Obrador. Esa oferta alcanzo para que varios políticos arribistas llegaran a ocupar escaños importantes en cargos de elección popular, porque su ideología era inversa a la propuesta de la lucha de la izquierda. Hoy el atractivo es la presidenta de la República que tiene un alto índice de aceptación ciudadana y que ello se reproduce de manera directa a favor de Morena. Esta particularidad también es un factor para que una diversidad de políticos, adversos a las causas sociales de la izquierda, hoy se sumen sin mayor recato a las fuerzas mayoritarias en el Congreso. Por supuesto, esta coyuntura a servido para tener una mayoría absoluta que permite realizar reformas constitucionales de fondo.
En alguna entrega anterior mencione, si eso no era demasiado costoso para Morena el dejar de lado principios por un pragmatismo ramplón para lograr mayorías subjetivas. El mensaje más allá de la respuesta, debe ser en el sentido de generar condiciones para que los fundamentos ideológicos de la izquierda no se pierdan y se busque hacer de Morena un partido-movimiento donde prevalezca el compromiso social sobre los intereses particulares y de grupo, que hoy en día es como un sueño inalcanzable. Las decisiones partidistas se toman en función de intereses electoreros y siempre se privilegia la coyuntura sobre la necesidad de dar dirección programática e ideológica a un instituto como Morena.
Es necesario reflejarse en el espejo del PRD para no repetir la historia y volver a reincidir en una historia aberrante como la del mencionado partido político. No se trata de cerrar la puerta a quienes pretendan integrarse a una causa por demás noble, sino más bien, cerrarle el camino a intereses mezquinos y ambiciones personales que siempre llegan disfrazados de benefactores sociales, democráticos y con las mejores intenciones, pero que a larga solo representan la podredumbre de la política que enarbolan encubiertos de mentiras y manipulación.
Conocer y aprender de la historia para no repetir, tener liderazgos comprometidos con el pueblo para dirigir en beneficio de las mayorías. En Morena se requieren dirigentes comprometidos con esas causas, congruentes entre el pensar, el decir y el hacer, con verdadera vocación de servicio y con la sencillez y humildad necesaria para empatizar con quienes más lo necesitan.
Atacar los intereses particulares y de grupo no es tarea sencilla, ni tampoco se logra de la noche a la mañana. Es un proceso largo, complejo y hasta peligroso, pero hay que hacerlo. Darle forma y retomar los documentos básicos de Morena, darle prioridad a la capacitación política como elemento de desarrollo interno que le habrá la puerta al análisis y al debate de los diversos temas que enfrenta la nación. Fortalecer nuevamente la base del partido y hacerla necesaria para la consolidación del mismo, dándole tareas concretas y responsabilidades que permitan atraer una mayor base social. Esas deben ser tareas prioritarias para la conducción política de Morena que debe atender la dirigencia a la voz de ya, posponer esta tarea es una actitud riesgosa que no vale la pena correr.














