La segunda mitad del siglo pasado en México, fue muy difícil para quien pensaba diferente, pues un pueblo aún atemorizado por la sangre de la revolución, era capaz de justificar todo en nombre de la gobernabilidad y el orden. Aunque hoy se dice fácil, miles de personas fueron desaparecidas, torturadas y asesinadas por querer un país diferente.
Desde antes de su inicio, hasta hoy, México ha sido un país tejido con hilos de lucha, lucha que hasta hace unos años encabezó la izquierda. Recuerdo en mi adolescencia, escuchar de los horrores vividos durante el calderonato, como que en mi propia ciudad volaban helicópteros de los cuales bajaban marinos y como se vieron escenas de violencia que para siempre traumaron a mi comunidad.
Recuerdo también la indolencia del gobierno de Peña Nieto y como el país se transformó en 43 estudiantes. Frente al gigantesco descontento social y el dolor de una nación agraviada la izquierda parecía la única opción, verdaderamente la esperanza de México. Porque sacaría a los técnicos desalmados del poder y le daría al pueblo la capacidad de gobernarse.
Recuerdo la emoción que viví cuando escuche que la hija de albañiles, era una candidata seria para ser gobernadora del Estado de México y me sentí muy feliz al pensar que Lopez Obrador se convertiría en Presidente de Mexico. Seis años después, veo a su “izquierda” muy pragmática y desalmada, muy caprichosa y autoritaria.
Como el caso de Fernandez Noroña, quien a pesar de tener un estilo bronco, fue hasta hace unos años un luchador social, un ejemplo de un hombre que supo de trabajo antes de poder, que retaba a la autoridad cuando se equivocaba y que no se quedaba sin levantar la voz. Parece hoy, que una silla le ha borrado la memoria, porque ya no tiene opinión, solo intereses y se ha convertido en el mismo tirano contra el que alzó la voz.
Hoy, el gobierno defiende a los suyos sin importar lo que hayan hecho (como Cuauhtémoc Blanco) se comporta hipócrita en su actuar y se pone trabas a sí mismo en su hambre de poder. Este tipo de perversiones, me hace perder la esperanza y preguntarme cuál es el verdadero rumbo.
Supongo que solo nos toca, volver a salir a las calles como lo hacíamos antes del 2018, despertar de la parálisis que nos provocó pensar que “este era el bueno” y seguir luchando, porque hemos visto ya que ellos, no luchaban por nosotros.














