Decía José Emilio Pacheco: “…que en muchos sentidos, Rosario Castellanos está todavía por descubrirse y comprenderse….”
De igual manera, Aralia López González, investigadora cubana dedicada a estudiar la literatura femenina como un corpus original, afirmaba en relación a Rosario Castellanos, lo siguiente: “…cuando se relean sus libros se verá que nadie en este país tuvo, en su momento, una conciencia tan clara de lo que significa la doble condición de mujer y de mexicana, ni hizo de esta conciencia una materia misma de su obra, la línea central de su trabajo. Naturalmente, no supimos leerla.”
Rosario Castellanos nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, aunque la mayor parte de su infancia y adolescencia la vivió en una hacienda familiar en Comitán de Domínguez, región maya de los Altos de Chiapas. Quedó huérfana en 1948, al tiempo que comenzaba a destacar en el campo de las letras. Posteriormente, emigró a la Ciudad de México para graduarse como maestra en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y después fue becada para estudiar estética y estilística en la Universidad de Madrid.
Rosario Castellanos, incursionó en los más importantes géneros literarios: la poesía, la narrativa, el cuento, la novela, el teatro y el ensayo. De pocas escritoras mexicanas se puede decir lo mismo, siendo acreedora al “Premio Chiapas” en 1958 por Balún Canán y en 1960 al prestigiado “Premio Xavier Villaurrutia” de Escritores para Escritores por Ciudad Real, además del Premio “Sor Juana Inés de la Cruz” en 1962, el Premio “Carlos Trouyet” de Letras en 1967 y el Premio “Elías Sourasky” de Letras en 1972. Este último premio fue instituido en 1966 por el empresario Elías Sourasky, quien fuera promotor del desarrollo cultural y tecnológico en México y con este objetivo fundara el fideicomiso Fondo de Fomento Educativo, desde entonces han recibido esta distinción entre otros personajes: León Felipe, Juan O´Gorman, Guillermo Soberón, Andrés Henestrosa, Ignacio López Tarso, Jaime Sabines y Miguel León Portilla.
Ciertamente tuvo muchas virtudes, como haber representado a México ante el gobierno de Israel como su embajadora, por ello y por más el día de hoy 8 de marzo “Día Internacional de la Mujer” debemos celebrarla, debemos considerarla como una mujer libre pensadora y pensadora incómoda que a partir del año de 1950, con la publicación de su tesis ·”Sobre cultura femenina”, dejara documentalmente la reflexión feminista y los estudios de género que trazaran en definitiva los fundamentos del feminismo integracionista que ahora rigen.
En lugar muy importante, de sus pensamientos y sentimientos, figuran los derechos humanos y los valores que siempre le acompañan en su obra literaria al igual que el tema indigenista. Ciertamente, fue una de las principales precursoras del movimiento de liberación femenina, no sólo por sus ideas y textos sino por el fino ejercicio de su profesión y encargo.
Dolores Castro, dijo alguna vez que una de las aportaciones de Castellanos ha sido influir en muchas escritoras, como en ella, que fue determinante en su vida y obra, “por ser una mujer ejemplo de tenacidad en el cumplimiento de una vocación y por su fortaleza para defender principios elementales”.
En alguna ocasión Rosario Castellanos, confesaba: “…pretendo con la escritura, rescatar una infancia perdida y un mundo presidido por la magia y no por la lógica. Pero el equilibrio se rompía cada vez que este mundo me planteaba la exigencia de ser comprendido y explicado y no simplemente descrito”.
La obra poética y narrativa de Rosario, es reflexiva y dramática, yo diría que ella, su obra y vida, son una más de las manifestaciones de que Dios, existe. Sus restos se ubican en la Rotonda de las Personas Ilustres, en la Ciudad de México, con mejor compañía no podría estar.
Aquí una parte de un poema de Rosario.
“Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.”
“Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispensan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo.”
“Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo
o mansamente lamiendo las arenas asoleadas.”
En efecto, son letras sacadas a la luz de sus sentimientos más íntimos, por ello, he de sugerir a quien corresponda que su epitafio diga:
EL ETERNO FEMENINO














