Estamos a tan solo dos días de que las calles del mundo entero se pinten de manera literal de morado, con la conmemoración del Día Internacional de la mujer, y ya empezaron muchos machitos a suplicar que no se les rayen las paredes de estas hermosas ciudades donde a diario desaparecen 18 mujeres.
Si usted, es de esos o esas (porque las hay) que piensan que una pared o monumento es más importante que la vida de cualquier mujer, entonces déjeme decirle algo:
Cada 8 de marzo en el mundo entero las paredes lloran con nosotras. Las piedras gritan lo que por siglos han querido silenciar.
Y es que, el 8 de marzo, el mundo se estremece con la fuerza de nuestra rabia, esa que muchos quisieran domar, contener, etiquetar de vandalismo para despojarla de su verdadero significado: resistencia.
Nos llaman violentas porque rompemos vidrios, pero irónicamente callan cuando nos rompen a nosotras. Se horrorizan con las paredes pintadas, pero no con las vidas arrebatadas. Hay quienes alzan la voz con más fervor para defender un edificio que para exigir justicia por una mujer asesinada. Y ahí, en esa omisión que huele a complicidad, en esa indiferencia que se viste de moralidad selectiva, nace la furia que se convierte en llamas y en puños levantados.
Déjeme explicarle algo más: Pintamos porque LAS INSTITUCIONES NO NOS ESCUCHAN. Rayamos porque la historia nos ha borrado. Marchamos porque seguir calladas no es una opción.
No nos confundamos, el 8M no es una celebración ni un desfile de buenas intenciones; es la materialización del hartazgo de generaciones de mujeres que han tenido que luchar para existir. Nosotras no pedimos permiso, porque sabemos que los derechos no se mendigan, se arrebatan.
ASÍ QUE POR FAVOR: NO NOS FELICITEN.
No nos den flores, no nos digan "feliz día". No hay nada que celebrar cuando cada día nos faltan más, y las instituciones siguen sin hacer algo al respecto. No es un día de alegría, es un día de memoria, de lucha, de exigencia. Insistimos en que se conmemora porque sabemos que detrás de cada número hay una historia, una vida que no debió ser arrebatada. Porque entendemos que si no exigimos justicia, si no alzamos la voz, nos seguirán matando, seguirán desapareciendo a nuestras hermanas, seguirán ignorando nuestras demandas
Así que sí, las calles nos pertenecen ese día. Y sí, prepárense, porque nuestras consignas quedarán grabadas en cada muro, en cada monumento, en cada rincón donde una de nosotras haya desaparecido y no haya vuelto. Porque si la justicia no llega, nosotras la traeremos a fuerza de gritos, a golpe de martillo, a fuego de memoria.
A ti hermana que saldrás a las calles a marchar G R A C I A S por hacer que tiemblen, que se incomoden, que se ofendan. Gracias por tu fuerza, por hacer temblar el mundo con su paso firme, porque ustedes son la voz de las que ya no están y la esperanza de las que vendrán.
Para las que no pueden marchar, no están solas. Desde sus trincheras, en cada palabra, en cada acto de resistencia cotidiana, en cada decisión tomada con conciencia feminista, siguen luchando. No hay una única forma de pelear por un mundo más justo, y todas, en cada espacio, somos parte de esta lucha.
Porque mientras sigan omitiendo nuestra voz, nosotras seguiremos escribiendo la historia con tinta, con pintura y, si es necesario, con fuego














