Ayer las redes sociales se invadieron de notas hablando respecto a la adquisición de material que realizó el gobierno Jiutepec, encabezado por Eder Rodríguez Casillas, para el personal de Protección Civil de ese municipio, de acuerdo a las declaraciones del presidente municipal, fueron poco más de 626 mil pesos lo que invirtieron en material, medico – quirúrgico; esto me hizo reflexionar respecto de la necesidad de hablar de la cultura de Protección Civil en nuestro país
Y es que, en este país, lo que no se ve no existe. Lo que no estalla en las noticias, no preocupa a nadie. Los desastres naturales (que de naturales tienen poco cuando se mezclan con la negligencia) aparecen como espectáculo durante unos días y luego desaparecen, pero las vidas arrasadas por un deslave, un incendio, un sismo o una inundación siguen ahí, en el abandono de siempre. Lo sabemos todos: la memoria es corta, y la prevención es un lujo que pocos gobiernos quieren darse.
Seamos honestos, es fácil olvidarlo cuando el cielo está despejado y no tiembla la tierra bajo los pies. Pero basta una tormenta fuera de temporada para que las calles se vuelvan ríos. Basta un sismo en la madrugada para que se desplome una casa. Y, cuando eso pasa, las cámaras llegan primero que las ambulancias, y los discursos de solidaridad llegan antes que los recursos para reconstruir.
Hablemos claro: no basta con pedirle a la ciudadanía que tenga una mochila de emergencia si los municipios no tienen ni un camión de bomberos en condiciones. No es suficiente con hacer simulacros si los cuerpos de Protección Civil trabajan con equipo obsoleto, con sueldos que rayan en lo absurdo y más aún, sin capacitación. ¿Como esperamos que las comunidades se protejan si quienes deberían cuidar de todos apenas sobreviven con lo básico?
Hasta ahora, se ha sabido solo del municipio de Jiutepec que realiza una inversión verdadera, y que se muestra el material, pero pareciera que para el resto de los municipios, la Dirección de Protección Civil es poco más que una oficina olvidada, donde los recursos federales se diluyen entre tramites, las prioridades se confunden con la foto del día, y nadie piensa que el desastre está a la vuelta de la esquina.
Pero, el desastre no avisa. No pregunta si el presupuesto alcanzó este año para reparar las ambulancias o si hubo dinero para comprar equipo de rescate. Llega, arrasa y se va, dejando claro quien tenía herramientas para resistir y quien no.
La verdadera cultura de protección civil no se construye con discursos ni con boletines. Se construye con inversión real, con cuerpos de emergencia bien capacitados y con municipios equipados para enfrentar cualquier eventualidad. Se construye entendiendo que prevenir siempre será siempré más barato y más humano que lamentar. Pero, para eso, hace falta voluntad política, y hace falta que alguien, en algún escritorio, deje de pensar que los desastres solo les pasan a otros.
Porque el desastre llegará. Eso es seguro. Lo que no está́ claro es si estaremos preparados cuando pase.














