Son vistos en el Congreso, en las redes o con algún funcionario, se ponen sus trajes y corbatas, se peinan y perfuman, son los jóvenes políticos, que van a los parlamentos o alguna campaña.
Son seres extraños, que proyectan en sus ojos una gran esperanza o una voraz ambición.
Para algunos, son motivos de burla, para otros, de ternura; es cierto, que es extraño ver a jóvenes como ellos, que sueñan con sentarse en escaños o que van orgullosos siguiendo a algún político, lo cierto es que algo quieren y cuando un niño dijo, que quería ser Rey, todos rieron menos el Rey.
Desde hace algunos años, se abrieron las puertas del Congreso en forma de parlamentos; hoy, casi cada quince días, jóvenes se forman fuera de la puerta cuatro del Senado de la República y se sientan en los curules, usan los micrófonos y quizá, intentan tirar a la mesa directiva.
No hay joven político que se respete, sin alguna foto en el Senado, Cámara de Diputados o algún diputado que él admire.
Ha llamado mi interés, que desde hace algunos meses, resuena con fuerza la tesis de que: de poco sirve ir al Senado para tomarse fotos, levantar la mano y probablemente decir algún discurso.
Es decir, un parlamento no te garantiza llegar realmente a la silla, ni esa joven política, garantiza que te conviertas en un político y ninguna de esas ideas llega realmente a la Agenda Nacional.
¿Entonces, de qué sirve abrirle las puertas y los micrófonos a estos jóvenes?
Quizá es cierto, pretender, no significa que algún día llegaras a Ser, pero yo defiendo a capa y espada los parlamentos, porque confío firmemente que nos permiten soñar.
Y el soñar, aunque hoy es rechazado, no debe evitarse, porque le da sentido a nuestra vida y fuerza a nuestras acciones.
Yo recuerdo, cuando mi padre me llevó al Senado por primera vez, recuerdo que aquel febrero de 2021, me di cuenta de lo que quería hacer de mi vida y desde entonces, tuve fuerza para recordar mi camino.
De la misma manera, que los jóvenes se encuentran en un recinto, hacen campaña por un puesto y se enfrentan a la grilla y eso les permite hacerse de piel gruesa y carácter en entornos controlados.
A la sociedad, le sirven estos parlamentos para observar, cómo la mala y grilla política sí tiene efectos negativos en la sociedad; pues al ver a jóvenes gritando como Noroña, amedrentando como Adán Augusto o siendo superficial como la oposición, nos damos cuenta que hay mucho que cambiar para no ser lo mismo una y otra vez.














