En distintas ocasiones he hablado de cómo el gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado suficientes señales de continuidad con la administración anterior, principalmente en materia de política interior, por lo cual, muy pocos llegamos a esperar cambios significativos en la forma de manejar la relación con Estados Unidos. Sin embargo, hay que reconocer que en esta ocasión la presidenta ha logrado frenar, al menos temporalmente, la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles del 25% a los productos de origen.
Y es que, no es para menos, Trump como lo he mencionado es un negociador agresivo, por lo que no tiene empacho en utilizar la presión económica como herramienta política. Para ejemplo: 2019, cuando lanzó una amenaza similar, el gobierno de López Obrador optó por la sumisión disfrazada de diplomacia: aceptó militarizar la frontera sur con la Guardia Nacional y endurecer las medidas contra migrantes. En esta ocasión, la conversación entre Sheinbaum y Trump parece ser, fue distinta. No hubo una aceptación inmediata ni una postura dócil. De hecho, el republicano a quien no se le conoce por emitir halagos gratuito llegó a mencionar que la presidenta de México le agradaba. Eso, para quienes nos dedicamos profesionalmente a las relaciones internacionales, nos permite entrever que más allá de la ideología, Sheinbaum logró imponer respeto en la mesa de negociación.
Ahora bien, si hay un nombre que debe resaltarse en este proceso, es el de Marcelo Ebrard, pues su intervención ha sido clave, no solo ahora, sino también en la crisis de 2019 y en otras coyunturas internacionales donde la diplomacia mexicana ha estado en juego.
Habría que ser claros en que esto no es casualidad, pues su formación como internacionalista y la amplia experiencia política que lo respalda lo han convertido en un operador eficaz en asuntos internacionales, muy por encima del promedio de los funcionarios de esta administración. Tan es así, que, presencia en esta negociación fue fundamental para evitar un desenlace inmediato perjudicial para México.
Es importante tener presente que a pesar de esta pausa en las presiones comerciales, la amenaza de Trump sigue latente, y la tibieza con la que el gobierno de Sheinbaum abordando otros temas estratégicos no genera precisamente mucha confianza. Sin embargo, esta vez supo jugar la partida. Falta ver cuánto le dura la ventaja.














