Por: Hertino Avilés Soto
En la realidad política actual, donde no existen planes y solo se buscan las primeras planas, Donald Trump acapara todas, al usar aviones militares para deportar a migrantes a su correspondiente país de origen.
No parece ser para él un problema, ya que este método es 10 veces más caro que el ya establecido protocolo de deportación.
Y no le importa, -porque hoy nos recuerda-, que mientras el mundo tenga miedo, los medios dudas y la conversación pública sea un huracán, -cuyo centro es el-, Trump se siente cómodo.
Desde el momento que puso un pie en la Casa Blanca y su pluma sobre una orden ejecutiva, el mundo ha mirado y los involucrados han tenido miedo.
El gran titular de esta semana, lo tiene sin duda la deportación masiva que prometió poner en marcha desde el primer día.
Durante el transcurso del domingo pasado, aviones militares provenientes de Estados Unidos, pretendían llegar a Colombia con decenas de migrantes; sin embargo, el Presidente Colombiano Gustavo Petro prohibió su aterrizaje con el argumento de que estaban siendo tratados como criminales.
Horas después, el Presidente Trump amenazó a Colombia, advirtiendo que en el caso de no permitir el aterrizaje de esos aviones, se impondrán aranceles de 50 por ciento a Colombia además de que sería revocada la visa de todos los funcionarios colombianos.
Ante las nada insignificantes amenazas, el gobierno de Colombia permitió su aterrizaje y envió incluso el avión presidencial, para participar de manera civil en el proceso de deportaciones a su país de origen.
Ante la fractura de Petro frente a Trump, la Casa Blanca anunció con soberbia, que Estados Unidos volvía a ser respetado y Trump reafirmó que los países de Latinoamérica necesitan más de Estados Unidos que Estados Unidos de ellos.
Y lamentablemente, es cierto.
Después de décadas de tratados que más allá de hacernos iguales nos han hecho dependientes y de una tremenda presión de un gobierno que derrocó e intervino a todo lo que oliera a izquierda, la frase: “Si a Estados Unidos le da gripa a nosotros neumonía”, es real.
Ese poder, nos orilla a estar al borde de la silla cada vez que somos amenazados con aranceles.
Si vivimos así los próximos cuatro años, no seremos más que una región que sirva al poder del norte.
Por ello, propongo que ante tiempos de adversidad, apostemos por la unión.
Hagamos en nuestra fuerza una potencia comparable a China o Rusia, para responder así a cualquier intento de humillación confiados y salir con el rostro en alto.














