El pasado lunes, concluyó de manera oficial el Carnaval de Jiutepec en su edición 2025 con él queda el eco de la música, los brincos sobre el asfalto y el retumbar de los chinelos que, como cada año, viene para recordarnos, que las tradiciones no solo se celebran, sino que se viven.
A diferencia de años anteriores esta edición no solo la algarabía fue protagonista, sino también la organización que encabezó la nueva administración municipal que permitió que según los datos dados por el propio presidente municipal, más de 300 mil personas disfrutaran de la festividad con orden y seguridad.
En diversas ocasiones he afirmado en este espacio que, así como se juzga lo que a consideración de mucho se hace mal, también es justo reconocer cuando las cosas se hacen bien, y esta vez, la administración de Eder Rodríguez demostró que una fiesta tan popular como lo es el carnaval de Jiutepec no puede, ni debe estar peleada con una buena gestión. Habrá que reconocer que, desde su difusión en los diversos medios, el diseño de los accesos hasta la estrategia de movilidad, parecieron indicar que todo estuvo planeado para que jiutepequenses y visitantes vivieran el carnaval sin contratiempos.
Es verdad, como en todo, no faltaron los escépticos que auguraban caos, pero lo cierto es que la coordinación entre los organizadores permitió un flujo eficiente de personas y vehículos, evitando los congestionamientos y los desórdenes que en otros tiempos empañaban la celebración.
Habrá que señalar que la seguridad fue un punto clave para que este evento se convirtiera en el éxito que fue, pues la presencia de elementos de distintas fuerzas permitió que se viviera un ambiente familiar, donde los asistentes pudieron gozar sin preocupaciones.
Pero si algo brilló más allá de la logística, definitivamente fue el compromiso con la identidad de Jiutepec.
En el encuentro de comparsas, quienes asistieron pudieron dar cuenta de cómo cada una de las distintas comparsas desfilaron con la misma pasión de siempre, permitiendo que el folclor se hiciera presente en cada esquina y la comunidad e le srecordó, con cada brinco de chinelo, que el carnaval es más que una fiesta: es un legado.
Para nadie es desconocido que detrás de cada evento bien ejecutado hay planeación y voluntad política. Este año, el Carnaval de Jiutepec no solo fue un éxito en participación, sino un ejemplo de cómo la tradición y la organización pueden ir de la mano.
Esperemos que esta sea la pauta a seguir de los carnavales que habrán de venir en los demás municipios, en este y los años venideros: una fiesta vibrante, segura y digna de quienes la hacen posible.














